A 70 años de su muerte un repaso de su obra .

Su evocación e referida a las pérdidas del pasado y del amor: según José Gobello, el escenario de «Sur» estaba en el barrio de Nueva Pompeya, entre el cruce de Abraham J. Luppi y Del Barco Centenera y el de Centenera y Tabaré, donde una noche lo esperaron ciertos ojos, como reza en «Manoblanca», uno de los pocos tangos optimistas que se han compuesto. Se fue el 3 de mayo de 1951.

Comprometido con su tiempo, mantuvo un apoyo militante al derrocado presidente Hipólito Yrigoyen (1930), fue encarcelado por el dictador José Félix Uriburu –quien además le quitó sus cátedras de literatura en dos colegios nacionales- y cinco años después cofundó la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina, conocida como Forja.Allí estaban, entre otros, Juan B. Fleitas –exministro de Yrigoyen-, Arturo Jauretche, Luis Dellepiane, Gabriel del Mazo, Atilio García Mellid, Jorge Del Río y Raúl Scalabrini Ortiz, afín e inspirador del ideario del grupo, aunque no formaba parte orgánica pues no pertenecía a la Unión Cívica Radical.Hincha fanático del Club Atlético Huracán, fue dos veces presidente de Sadaic y a pesar de su origen radical, en 1947 se acercó al peronismo. En un discurso radial de ese año apuntó: «Perón es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen. Mientras siga siendo así, nosotros (…) seremos solidarios con la causa de su revolución que es esencialmente nuestra propia causa. Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: somos revolucionarios».

Como la pasión lo abrazaba en todo sentido, en su vida apareció como una tromba la cantante Nelly Omar, con quien coincidieron en 1937 en la audición «Pájaros ausentes», que con libretos de Manzi se transmitía por Radio Belgrano, y posteriormente en una gira por Córdoba junto a una orquesta típica a la que el poeta le escribía las glosas.

En el cine, Manzi dirigió dos películas –»Pobre mi madre querida» (1948) y «El último payador» (1950)– y escribió una veintena de guiones para otros -entre ellos el de «La guerra gaucha» (1942)-, pero su persistencia está en los versos a los que otros pusieron música: «Malena», «Tal vez será su voz» y «Negra María», con Lucio Demare, «Milonga del 900», «Milonga de los fortines» y «Milonga sentimental», con Sebastián Piana.

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