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9 de junio de 2015
Envidia
Sabemos escuchar criticas muy ácidas en el ambiente político. Dirigentes, empresarios y deportistas consumen minutos en televisión, radio y demás medios para denostar a pares con mejor consideración popular.

Por Gabriel Princip

Para ponerlo en blanco sobre negro suelen aparecer en los grandes medios densas declaraciones de Elisa Carrió, Patricia Bullrich, Laura Alonso, Nelson Castro o Jorge Lanata donde el factor común de su razonamiento suele ser la envidia.
Y si, tienen el deseo de obtener algo que posee otra persona y ese carece, o también expresan un pesar, tristeza o malestar por el bien ajeno. La envidia no se devalúa, siempre permanece estable y es moneda corriente en estos lares.

Pero, ¿por qué envidian y a quienes?. Odian el aplauso al otro, le molesta la popularidad de un par, no duermen por el éxito ajeno.
Y esto los lleva al camino de la mentira, de la falsedad. Crean ventanitas irreales de un Facebook que no existe. Observan un micrófono y se detienen frente a ellos para enhebrar una historia que solo existe en su imaginación con el objetivo de denostar a su adversario hoy convertido en enemigo.

Aquellos que lograron la popularidad eterna fueron victimas de lenguas falaces. También los que alcanzaron la idea de mito sufrieron las mas atroces mentiras.

No debemos olvidar el viva el cáncer del cual fue victima Evita. O las violaciones, crímenes o torturas que existían en la imaginación del ilustrado antiperonismo cuando se referían al General Perón.
De Néstor, ni hablar y de Cristina menos. Términos procaces en las redes sociales e historias ficcionadas en los labios de diputadas que se han transformado en mentirosas seriales hacen de la envidia un factor común.

Pero, ¿Cómo se termina con este pecado difícil? En el día a día y en el barrio se logra cambiando amistades y reuniones pero en la política no se observa la solución. Las declaraciones mal intencionadas y con escasa verdad en los labios políticos son tomadas por los medios que hacen un reality de cada opinión.
Pero, ¿para qué hablo de este tema? ¿Para defender a un gobierno?, No. ¿Para poner la cara por una persona en especial?, Tampoco. Uno reflexiona en voz alta con la utópica idea de que el ciudadano, el escucha, no caiga en la trampa de los subordinados a la oligarquía. No se puede conceder espacio y tiempo a aquellos que hacen de la mala onda una predica y que utilizan la envidia para destruir pequeñas grandes conquistas de todo un pueblo. A aquellos simpatizantes de la actitud negativa que cobran una dieta por faltar a su trabajo preguntémosle sobre sus obras no sobre sus dichos.

Exijamos hechos, no palabras. Y si al menos nada van a hacer por lo menos que se llamen a silencio dejando la envidia en el arcón de los recuerdos.



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