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12 de junio de 2015
Odio al odio
Cierta mañana de un día no específico en un lugar no determinado en el mundo se reunieron el amor y el odio. El ambiente no era el mejor, tampoco el peor, solo era.

Por Gabriel Princip

En la mesa de negociaciones el amor le propuso al odio trabajar unidos y organizados por el bien común. El odio, sin entender que estaba haciendo, escuchó insólita oferta. Pensó, meditó y expresó: “No veo el negocio, por más que quiera no lo veo. Tenés que entender que yo tengo un costo muy alto en el día a día. Debo proteger intereses creados, medios de comunicación, profesionales de la mentira y un ejército agitador de hechos que no suceden. Agrégale a este gasto los pequeños negocios que tengo con la mentira, la desazón, la tristeza y la derrota. No te quiero mentir pero no lo veo, no lo veo”.

“Pensalo”, acotó el amor, “y démonos unos días los dos para reunirnos nuevamente. Al fin y al cabo nos necesitamos, vos no podes vivir sin mí y viceversa”.
El amor, responsable de millones de almas, rápido de reflejos citó en su despacho a la alegría, el buen humor, la generosidad, la paz , la grandeza y la victoria.
Mientras el amor hablaba con alegría y buen humor, el odio hacia lo propio con la mentira y la tristeza.
Ambos sabían que en la próxima reunión debían acordar pero alguno de los dos cedería. El amor estaba convencido de lograr derrotar al odio en la mesa de negociaciones para felicidad de un pueblo.
Para ello, debía exponer en forma clara, concreta y concisa para someter al odio. El plan A era la derrota total del odio, el plan B que éste convenza a sus aliados de bajar sus candidaturas. En cualquiera de las dos variables el odio, no le debería lealtad al mal, su creador, para que los intereses creados y profesionales de la mentira sigan su derrotero en otro ejido más lejano y en apariencias mejor logrado.

Finalmente la reunión se llevó a cabo. El amor y el odio llegaron a la mesa chica de la negociación con sus respectivos aliados. La mentira, la tristeza, la desazón y la derrota se sentaron junto al odio.
Enfrente, el amor junto a la alegría, el buen humor, la grandeza, la paz y la victoria. Sendos grupos expusieron sus razones para poder captar el humor social de un pueblo. La lucha había comenzado.
El odio dijo al amor: “No tienes esperanza. Intervengo en el país con los medios de comunicación, un ejército de actitud negativa y como frutilla del postre, acaparo las mentes ya confundidas con los profesionales de la mentira y tu pueblo tambalea. Luego inyecto mal humor, tristeza y derrota y hago añicos tus fantasías de felicidad. En una palabra, ríndete”.

El amor sin alterarse, levanto la vista, miró profundamente al odio con alegría, y dijo: “Puedes invadir el territorio con tus aliados, puedes inundar de mentiras y mal humor cabezas alteradas y hasta puedes ahogar alguna esperanza con tu ejercito de actitud negativa pero hay algo que no comprendes, no entiendes y por eso te pido que te rindas”.
El amor muy sereno explicó: “Este pueblo no cambia de idea, a pesar que tu antecesor el mal hizo su trabajo a destajo, la alegría, el buen humor se humanizó en miles de almas jóvenes que quieren progresar, económica y afectivamente. Por su parte, la generosidad y la paz captaron al Papa, que gracias a la victoria espiritual empoderó a millones de espíritus. Te la hago corta, te das por vencido”.
“Nunca”, contestó el odio.

“Entonces me voy. Te dejo, te abandono, hace la tuya, no cuentes más conmigo”.
“No esperá, no te vayas, está bien, me rindo”, expresó.
Y el odio capitulo. Los aliados del odio no sabían ni entendían porque el odio abandonó la lucha. Los aliados del amor si lo sabían. Mientras tomaban un café, la victoria expresó: “¿Viste? Al final el amor es más fuerte”. Y la alegría agregó: “Si, el amor triunfó”. “Si y ¿Sabés por qué?”, acotó la grandeza. “Por qué a pesar de la derrota, el odio siempre necesita al amor: La relación amor- odio. Siempre existió. No pueden vivir separados de ahí proviene algo indispensable para la felicidad y es el poder del amor”.



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