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19 de noviembre de 2015
El agente nazi y la yegua - Por Gabriel Princip
Si podemos determinar que el peronismo es el documento nacional de identidad del pensamiento nacional, sus exponentes fundamentales en lo político propiamente dicho son Juan Perón, Evita, Néstor y Cristina Fernández, por ende, son los portadores más importantes de este DNI.

Pero todos ellos fueron vituperados por el sistema. El poder no entiende ni perdona líderes, menos le interesa alguna conexión entre gobernantes y gobernados. Tanto Perón y Evita en su tiempo, como Néstor y Cristina en el siglo XXI supieron crear una línea de afecto entre ellos y el pueblo. Esta conexión fue fundamental para el desarrollo de los respectivos gobiernos y el crecimiento de aquellos que menos tienen.
El carisma y la cercanía de cada uno con la gente, determinaron su presencia en la historia argentina. Al margen de algunos errores que tuvieron en materia de gestión, todos recibieron el cariño de los humildes, de los desposeídos, de los marginales, de los trabajadores, del pueblo todo. La clase media, los intelectuales y la clase alta tenían otra visión sobre ellos y en esa mirada, el afecto no tuvo cabida.
El poder, ante tanto afecto, no titubeó en organizar operaciones de prensa, usinas de rumores y calumnias y generación de mentiras al por mayor. Todo con un objetivo final: conquistar al militante de la clase media mediante el odio, el resentimiento anque la actual grieta.
Una expresión tan conocida como histórica, fue el grafiti en las paredes de “Viva el cáncer” cuando Evita poseía esa enfermedad terminal. El asesinato de Juan Duarte por orden de Perón, los cadáveres de opositores en el Riachuelo, las torturas ordenadas por el General, todas seguían el mismo camino: la consolidación de la mentira y el desprestigio. La usina de rumores no tenía feriado. La lluvia de calumnias a través de “comunicadores, artistas e intelectuales” no cesaba. Una síntesis para entender la desinformación y la malicia se observa en un artículo publicado en Clarín el 1 de julio de 2004 firmado por Alberto González Toro.
“Se exilió con una fortuna colosal, acosó sexualmente a las estudiantes nucleadas en la Unión de Estudiantes Secundarios UES, fue un agente nazi, ordenó a su policía que secuestrase chicos para sacarle la sangre que necesitaba una Evita moribunda, era tan desalmado que no asistió al velatorio de su madre, nunca pudo superar su impotencia sexual, falsificó su fecha de nacimiento, inventó que regresaría a la Argentina en un avión negro. Muchos de esos anatemas nacieron en los teatros Maipo y Nacional, con sus famosas revistas, donde una platea de clase media festejaba los chistes antiperonistas mientras Nélida Roca y otras vedettes mostraban sus físicos espectaculares”.
La opinión de González Toro que se refleja en su libro “Mitos y leyenda”, dueño de gloria y espanto, y lo publica Clarín, nos hace reflexionar con dos ideas fuerzas. Primero, que el odio y resentimiento del autor hacia Perón era de la misma dimensión que su desinformación. Ya que nada de lo que decía tenía sustento alguno. La segunda, como siempre, Clarín miente.
En el documental “El Mito” filmado en 1956 y financiado por la revolución fusiladora, se menciona a Juan Perón como el dictador, Evita la prostituta, el desconocido coronel que en 1946 llegó al poder, demagogos que engañaban al pueblo, sicarios del poder y de ahí para abajo, todo. Ladrón, mala mujer, mercenario, asesino, no quedó adjetivo representante del odio por exponer.
A esas muestras se le puede sumar el decreto ley 4161 de marzo de 1956 que prohibía mencionar cualquier palabra que indicará peronismo, la mención en los diarios como el tirano prófugo, la prohibición de trabajo para cualquier artista o deportista afín a Perón. Recordemos que a Gatica se le retiró la licencia para boxear y Hugo del Carril fue detenido por haber compuesto la marcha peronista. Igual, el recordado Hugo silbaba la marcha en el penal provocando a la policía.
Lo que ocurrió en la década del 50’ se puede repetir en estos tiempos. Con la muerte de Néstor, los especialistas en denuncias sin pruebas, ocuparon los medios para desparramar un resentimiento en cadena. La doctora Elisa Carrió llegó a decir que “el cajón estaba vacío”, que “los que fueron al velatorio eran extras” y que “Néstor fue asesinado por un familiar”.
Hugo Moyano también puso en duda su muerte, como así también lanzó la sospecha de un crimen. Denuncias nunca probadas sobre supuestos robos, estafas y afines con una sola protagonista, la “yegua” de Cristina. Así es y fue la ración diaria que proveía el sistema para que la famosa grieta adquiera su formato ideal. La muerte del fiscal Nisman se le adjudicó a Cristina, sin prueba alguna. Cuentas bancarias de Máximo que no existían, la mala onda entre la presidente y el Papa Francisco que el mismo vaticano se encargó de desmentir y cualquier sensación de robo, hurto y saqueo que sobrevolaba los cielos de este país ubicado al sur de Bolivia era adjudicado a Cristina y su banda. Denuncias mediáticas al por mayor pero siempre se desmentidas en Tribunales, pintaron al gobierno de la presidenta Fernández. Los mismos que utilizan a la boca como mortero para lanzar kilos de insultos hablan de la grieta en la sociedad argentina. Aquellos que proveen de leña a la usina de rumores son los que ocupan el papel de victimas cuando en realidad son los victimarios.
Las sucesivas cadenas nacionales dieron pie para que el apelativo “yegua” poblara las redes sociales. La yegua otra vez habla, la yegua le da planes a los vagos, el hijo vago de la yegua y así un sin número de oraciones con el mismo sujeto de siempre, la yegua.
El mandato de la presidenta ya terminó. El romance con el pueblo no cesó, el odio de las capas medias tampoco. Y difícil que culmine. Por eso, el pensamiento nacional no genera rating en la media clase, máxime si sus figuras son un agente nazi y una yegua. Los insultos seguirán y se potenciarán si el actual gobierno fracasa. Como va camino a un triste final ya encontró al responsable: la yegua.



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