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14 de diciembre de 2015
La dictadora - Por Gabriel Princip
Arturo Jauretche tenía en su estudio un planisferio colgado al revés. Partía de la idea que la Argentina no era el último país del mundo, sino el primero. Con ese pensamiento nacional, uno lo traslada a la historia y verifica que todo lo que ha sucedido se ha interpretado, vía colonización cultural, al revés.

Sobre Juan Manuel De Rosas nos cansaremos de leer que fue un dictador. Juan Domingo Perón, el tirano prófugo, Néstor Kirchner el autoritario y Cristina Fernández la dictadora alias “la yegua”. En cambio, también podemos observar que Videla y su banda formaron el proceso de Reorganización Nacional, Aramburu y Rojas, La Revolución Libertadora y Juan Carlos Onganía, La Revolución Argentina. O sea con estos parámetros observaremos en el presidente electo Mauricio Macri un símil del Che Guevara bajando de Sierra Maestra.

Claudio Díaz en su libro “Manual del anti peronismo ilustrado” afirma, “el reduccionismo es habitual en la maquinación de la empresa colonial que domina el país y presenta una cruzada del pensamiento civilizador contra el que se levanta el movimiento social anti imperial. La perversión está en que procede por paradoja, al mal le llama bien, y viceversa. Las palabras, que deberían ser el prototipo de la mediación entre personas, se convierten en el medio por excelencia de la posesión de los demás.”

La campaña que derivó en la presidencia de Macri fue una auténtica revolución de la mentira. Promesas imposibles de cumplir más una actuación sin prisa y sin pausa de las redes sociales distribuyendo insultos y acusaciones falsas. Los términos “dictadora, yegua, vagos, planeros” repiquetearon en forma incesante ante los desprevenidos ojos de los participantes del facebook, el tuiter y otras yerbas.

La palabra que siempre se oponía a cada acto de gestión de Cristina era y es “libertad”. ¿Cuántas veces escuchamos “porque nos obligan a ver la cadena nacional”, “que se cree esa señora que entra en mi cabeza sin mi permiso”, o “porque no tengo la libertad de comprar dólares, vivimos en una dictadura donde se prohíbe comprar otra moneda”, “esto es comunismo”, “yo no voto a Scioli por que lo acompaña un stalinista”, etc, etc?

En realidad nada de estas sentencias eran riesgosas. Pero la magnificación, exageración y publicación en diferentes medios lograron limar mentes, quemar cabezas y confundir a personas con alta educación que finalmente por estos motivos alocados, que se le presentaban, optaron por Macri. En una palabra eligieron el ajuste, la devaluación, el desorden económico, la entrega, el achicamiento del estado, un gabinete empresarial, en una palabra: un país para pocos. Optaron por aquel que será su destituyente en la vida.

Esa opción es negativa, todavía no fue procesada pero nunca rinde en la población una economía fría. Eligieron el ajuste pero no tendrán cadena y tampoco dólares, otra vez la clase media se suicidó.

El imperio sabe comunicar sus planes diabólicos. Los sabe concretar, aunque en primera instancia la media clase, que nunca se equivoca, crea que ha sido positiva, ordenada y eficiente su elección.

Quizás seguirá incurriendo en el error, porque históricamente así lo hizo. No supo comprender que aquellos llamados tiranos fueron conductores de pensamiento nacional. Podemos disentir con Perón, pero debemos reconocerlo como autor de la primera revolución económica que alcanzó el bienestar popular y sin muertos en las calles. La Revolución Libertadora, el gobierno que lo sucedió y reconocido por el sistema, bombardeó la Plaza de Mayo matando a 380 personas incluidos 50 chicos. Los comandos que partían de Córdoba se encargaron de bombardear y matar otros argentinos en aviones que decía “Cristo Vence”. El amo les dio un premio, gobierno y reconocimiento en las calles de la actualidad. Al año de gobierno fusilaron a compatriotas, algunos por organizar la contrarrevolución, otros por mencionar la palabra “Perón”, que estaba prohibido por el decreto ley 4161.

La Revolución Argentina de Onganía se aburrió de reprimir. Videla desapareció a 30 mil personas. Sin embargo, la dictadora es Cristina con cero muertos y un país que partió del infierno hasta duplicar la clase media.

El adjetivo descalificativo es la gran opción imperialista. Rosas que montó un gobierno de corte nacional, defendió a su país de los intereses franceses e ingleses fue denostado por la historia de Mitre. Hoy en día no existe en la Capital Federal una calle llamada Rosas. Sí tenemos la estación Roque Carranza, partícipe necesario en la matanza de setiembre de 1955.

A San Martin los chilenos traidores lo pintaban con cuerpo de tigre. Fructuoso Rivera uno de los grandes traidores uruguayos explicaba que Artigas era el “más sanguinario perseguidor de la humanidad”. Francisco Solano López líder paraguayo, víctima de la guerra de la Triple Alianza era mencionado por el imperio como “el aborto de América”. Y así todos los líderes populares.

Los caudillos federales fueron estigmatizados, en cambio, los entregadores como Rivadavia, Mitre, Roca y Sarmiento se cansan de verse en monumentos, calles, cines y equipos de fútbol.

La imputación es un viejo recurso del liberalismo. Y el terror, como continuidad de ese ataque para liquidar caudillos y líderes populares, un arma política permitida y legítima si está en sus manos.

Si nos detenemos a razonar nos preguntaremos, ¿Qué debemos agradecer a los gobiernos dictatoriales que el imperio defiende? ¿Qué se le debe a Videla? Es la pregunta. Una inflación del 350 por ciento anual, deuda eterna y 30 mil razones para estar enfrentados argentinos contra argentinos de por vida. ¿Qué se le debe a Galtieri? ¿Malvinas? ¿Qué se le agradece a Onganía? ¿El Cordobazo, los cortes de pelo y minifaldas, el despido de Illia, el origen de Mariano Grondona?, no sé. ¿Qué se le debe a la Libertadora? No más que matanzas, fusilamientos y caos económico.

Siguiendo con este razonamiento, ¿Qué le debemos a las tiranías peronistas? Sólo crecimiento, consumo y prosperidad. Nada más y nada menos. Sólo el fracaso hecho hombre y el resentimiento acumulado pueden negar estos conceptos.

Con esta descripción histórica fundamentada e irrefutable uno se anima a analizar al gobierno electo. Partirá de la base que todos sus fracasos son la herencia recibida de “la yegua”. Sus aciertos, que serán para pocos, serán promovidos por este nuevo gobierno pro mercado, pro negocios y ahora, nunca procesado.

Aunque como dice la canción que “La historia la escriben los que ganan”, en este territorio ubicado al sur de Bolivia, la historia la redactan y la promueven los personeros del imperio para captar y entretener al medio pelo. Pero la realidad se encuentra en aquellos corazones con un sentimiento nacional, popular y democrático.



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