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31 de diciembre de 2015
Cuenta la leyenda-Por Gabriel Princip
“Cuenta la leyenda que alguna vez en un rincón del planeta existió un país llamado Argentina”. Así comenzó la lección de historia de un profesor en una escuela uruguaya. “Vean cómo era la Argentina”, siguió el docente. “Los verdes, marrones y azules mostraban sus dos millones de kilómetros cuadrados de geografía. ¿Y quieren saber el resto? Les paso material para que vean”.

Alzando un libro de historia ajado y borroneado, el lugar donde aparece el autor probaba la existencia de lo que fuera una gran nación.

El libro de doscientas páginas sintetiza la historia de este país que no pudo sobrepasar el año 2016 de nuestra era. El compendio dividido en dos partes, cuenta en la primera parte el desarrollo socioeconómico-político hasta el año 2003, y en la segunda parte relata desde ese año hasta el final en el 2016.

Releyendo la segunda parte se observa que una corriente política manejada por un matrimonio potenció a la Argentina. La era K, detalla el libro, comenzó en el 2003 y culminó en el 2015.

Néstor y Cristina fueron sus presidentes. El primero, reorganizó la economía a tal punto que supo librarse de los organismos financieros más poderosos del planeta. La deuda eterna de este país fue cancelada en un 92 por ciento. El crecimiento alcanzó tasas chinas y la prosperidad hizo recordar la década del 40 cuando un General de apellido Perón instaló la primera gran revolución en este país.

Por su parte, Cristina amplió los derechos. Reformuló códigos, estatizó la energía y redimensionó el folclore peronista agregándole romance y épica a la juventud política de su partido para que su imagen quede instalada en el inconsciente colectivo de la población.

La cultura y la ciencia subieron a valores exponenciales y la historia cuenta, que una vez las Naciones Unidas protegieron al resto del planeta de los fondos buitres por una ley argentina.

Los argentinos estaban, a pesar de todo, divididos. La mitad más uno era de Boca y festejaban al gobierno. El resto se seccionaba en varios partidos y optaban por reaccionar mal ante cualquier mensaje presidencial.

Así las cosas, el gobierno de Cristina terminó desembocando en las elecciones generales de octubre de 2015. Allí compitieron el candidato oficialista Daniel Scioli y el conservador Mauricio Macri.

Macri era lo que decía su asesor político Durán Barba y este era un compendio de maldades con un precepto casi bíblico para él: “Haz mal sin mirar a quien”.

Con esa idea y la trampa como constante en la campaña, el pueblo pedía a gritos que las elecciones se desarrollaran alguna vez.

Por las diferentes operaciones de prensa y el accionar cuasimafioso de los diarios, finalmente Macri fue presidente. Scioli y el pueblo tuvieron que esperar. Todos creyeron que en cuatro años se retomaría el camino que supo llevar a la Argentina a un país serio, feliz y referente mundial.

No fue así, lo realizado en doce años con sacrificio dirigencial y apoyatura popular se diluyó más temprano que tarde.

Mauri entró al gobierno como lo hacía en su aula escolar. Sin importarle nada, al son de un tema de Queen, arrastrando los caros zapatos y gastando al personal de la Casa Rosada. Todo era fiesta, adornado con globos amarillos que sostenían Durán Barba y Laura Alonso.

Tomó un bolillero en su primer día de gobierno y realizó un sorteo entre sus amigos para armar el gabinete. Cuenta la leyenda que Mauricio y Durán Barba sostuvieron el siguiente diálogo: “A ver, a ver —dijo Mauri—, seguridad… y  sí, el ganador es Fino Palacios. Lástima que Stiusso no retornó, sino lo metíamos a él con o sin bolillero. En fin…”.

“Cancillería… y, ahí sin sorteo va Laura. La Alonso nos va a defender de esos negritos latinos, africanos y pobres sirios. Vamos con ingleses, alemanes y nuestros jefes, toda gente cool, gente como uno”.

“Tranquilo, Mauri”, alcanzó a decir Durán Barba.

“Nada, nada”, sentenció Macri. “Ya está, llegué a ser presidente. Todo lo que dijiste vos, lo cumplí al pie de la letra. Ahora, nada. Mando yo y a pelarse. Sigamos”.

“Economía, ahí van los tres chiflados, Melconian, Espert y Broda. Nos llenamos de guita con las cuevas y nos matamos de risa viendo a los tontos que nos votaron pidiendo limosna. Hay que ser gil para creerme a mí que Aerolíneas seguirá siendo estatal, que habrá pobreza cero, agua corriente para todos… no, no podés creer eso. Se lo merecen”.

“Deportes, a ver, el bolillero del plantel de Boca, sí, cualquiera; no, déjame ver. Salió Orión. ¿A ver las demás bolillas? Orión, Orión, Orión, ¿todas son Orión? Claro, fue el genio que nos entregó a Riquelme. No se habla más, a la Secretaría de Deportes”.

“Defensa, nadie quiere defenderse, ¿quién nos va atacar? Pone al Cata Díaz, ese la sabe lunga”.

“Planificación, el albañil Nicolás Caputo y mi viejo que espere”.

“Justicia, la gorda, así nos aseguramos un fusilamiento semanal. No haremos justicia pero que nos vamos a divertir eliminando negros, no tengas dudas”.

“Prensa, ¡Niembro! otro genio que hace un billete en el aire. Sí, se jugó la vida por mí. Encima anda en la mala, sin dudas, Fernando es nuestro hombre”.

“Listo, ciencia, cultura y esas pavadas se las damos a los radicales. Total entre que no hacen nada y que nadie les prestará atención, serán cero al as”.

“Ah, casi me olvido, Turismo, esa es para mi mujer y mi hija. Antonia debe viajar así se entretiene y de paso la acompaño porque a mí el trabajo me gusta como el agua al gato”.

“Listo. Empecemos ya y como decía mi maestro el turco, a triunfar”.

Unos días más tarde y con otra cara, Mauri le pidió a Fernando la cadena nacional. El pibe no daba pie con bola.

Y la cadena terminó, fue la última, no porque no quisiera hacer otra, sino porque los conflictos empezaron a la semana y no se detuvieron jamás nunca.

Las peleas internas no cesaban. Laurita y la gorda de los pelos porque la Carrió no fusilaba los que Laura quería y Laura no metía fuerza a los países que para la gorda eran corruptos. La tercera en discordia era la Bullrich que alentaba las peleas porque como diputada no tenía trabajo y se divertía más tuiteando para armar internas.

Como Defensa no había, Cancillería era mal llevada y los milicos se cansaban de llevar al súper a la Awada el frente de tormenta se agigantaba. Encima, Orión estaba aburrido de entregar gente por poca paga, el gabinete explotó.

Mientras esto acontecía, Uruguay, con ayuda inglesa, se dio cuenta de que Argentina se debilitaba y comenzó su proceso expansionista. Chile, ni lerdo ni perezoso, prestó rauda ayuda. El trabajo de pinzas había comenzado.

Mientras tanto, los sindicatos dueños de gremios empobrecidos incitaban a paros interminables. Gente que trabaja casi gratis comenzó a copar plazas y Canal 13 no sabía cómo hacer para no enviar móviles. C5N tampoco lo hacía. Tenía el garaje clausurado.

La situación interna no daba para más y la externa mostraba cómo se le rodeaba el rancho a los Macri. Al tercer mes de gobierno de Macri, la Argentina desapareció. Mejor dicho, fue invadida por los hermanos chilenos y uruguayos que se repartieron las provincias. El pueblo argentino aplaudió la llegada de la libertad.

Clarín tituló: “Los salvadores han llegado”. Lanata en su editorial resumió: “Mauri se fue, se fue, se fue, que suerte que se fue, que no venga más”.

Longobardi dio la bienvenida a nuestros ilustres invasores.

Nelson Castro dijo: “Gracias Imperio por perdonarnos”.

Leuco, el más honesto dijo: “Fuera Mauri, gracias a nuestros invasores por establecer ideas serias en este territorio, pero solo le hacemos un pedido. Macri se equivocó, pero por favor que no retorne el peronismo que por su culpa llegamos a la necesidad de que ustedes nos vengan a salvar”.

Sí, es un cuento, pero con la derecha en la conducción del país, ¿qué certeza se tiene de que la ficción no se haga realidad?



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