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19 de febrero de 2016
Transferencia de culpa - Por Kurt Wilkens
“Macri es igual a hambre”, reza un cartel debajo del andén ante la sorpresiva mirada del presidente, a bordo de uno de los vagones nuevos del recambio ferroviario que hizo el gobierno de Cristina Fernández.
Al lado de ese cartel, otro que dice “Resistir con aguante” y en el mismo sector un centenar de pobladores del partido de Esteban Echeverría que expresaron su reclamo en vivo y en directo en uno de los tantos actos oficiales del macrismo.

Mauricio ante su interlocutor solo responde, “los mandó Cristina” agregando “ya vendrá a pedir por favor”. El presidente quizás todavía no entendió donde está ubicado políticamente y menos parece conocer las reglas de juego de la política.
Debería saber en primer lugar que la gente no se arria, cuando expresa “los mando Cristina” y suponiendo que fuera así, el reclamo hubiera sido más organizado con más gente, bombos y banderas. Cuando se ven humanos dispersos y enojados se puede sospechar de muchas cosas menos de que fueron enviados por un líder político.
En principio Macri transfiere la culpa. Cree que el reclamo no es genuino y que es armado. Todavía no tiene idea que esa gente carece de empleo, y se la obliga a pagar impuestos caros y tarifas infernales. No toma en cuenta que el ciudadano que hace tres meses hacia un asado los domingos, pagaba impuestos razonables y concurría al trabajo en forma cotidiana ya no lo hace. Por lo menos, si forma parte de los últimos 65 mil despidos. Ya no lo incluye su país, ya le perdió el respeto al sistema político, a la democracia y la bandera es solo una tela de colores parecida a la camiseta de Racing.
Todo ese cambio sucedió en sesenta días y quien maneja los destinos del país llegó al sillón de Rivadavia para darle una impronta distinta al gobierno anterior, por lo menos eso prometió. Nunca dijo en campaña que sería un gobierno de empresarios con gustos empresariales, con persecución ideológica y falta de libertades públicas. Nunca dijo que el billete de Evita iba a dejar de existir, que los bustos K serian revoleados o que el militante K seria discriminado cual leproso en la edad media.
La Argentina de hoy tiene un solo responsable, para lo bueno y para lo malo, este es el presidente. Macri es el autor del humor social. Él se debe hacer cargo de la tristeza de la mitad de la población y del enojo de la otra mitad. La desocupación no estaba en planes de ningún candidato salvo en la mente de Techint o Clarín. Ni Stolbizer ni Scioli ni Rodríguez Saá pensaban en vender el Arsat ni hacer trizas el estado con las consecuencias lógicas que esto apareja. Ningún demócrata en su sano juicio daba vuelta un país como una media por el solo hecho de lograr la sonrisa del imperio, nadie por lo menos en los últimos treinta años.
Esta política conservadora puede pasar por la mente de alguien antidemocrático que recuerda con cariño la década infame. Macri no debe transferir la culpa. Debe hacerse responsable, de igual manera debe actuar ese radicalismo siempre aliado a los de facto, siempre en el lugar equivocado en tiempo y espacio. Y debe entender Mau que el cartel que lo sorprendió, ese de “Macri es igual a hambre” no es una queja sino parte de la realidad. Si no que explique cómo vive un jefe de familia con un sueldo bajo que perdió el 40 por ciento en los últimos dos meses más tarifas caras y precios desbordados. Puede explicarlo, o el razonamiento será la mentira. Ese discurso donde explican que se hicieron cargo de un país destruido. Ese país que hoy conducen tenía un 6 por ciento de desocupación y los ideólogos del círculo rojo pretenden llevarlo a la 25 por ciento, o sea un país pobre y servil por donde se lo mire.
La única verdad es la realidad por eso nada de gran transferencia de culpas, hacerse cargo de lo bueno y de lo malo aunque nadie se haya enterado de lo bueno de esta gestión.



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