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8 de abril de 2016
La caja boba
Por Kurt Wilkens.
La tele, la caja boba, el aparato, el plasma, el LCD o como quieran llamarle hoy, es factor determinante en cualquier casa de familia.

Una por ambiente, o en la cocina y en el dormitorio o solo en el living, todo hogar tiene una propaladora de onda negativa de mañana a tarde y entretenimiento y mala onda “Parte II” por la noche.

La tele como el conjunto de los medios hoy cumplen, en este país, una misión política: Agrandar una grieta por un lado y transformar a un empresario insípido dueño del perro Balcarce en líder del siglo XXI.

“Cristina es la primer lavadora”, se escucha vociferar a un maleante presentado como financista en la caja boba. Cristina robó  y lavó en Hotesur, grita la diputada. “Yo fui amante de Néstor”,  susurra una locutora catamarqueña. “Cristina debería estar presa”, alerta Larata. Carrió visita cuanto programa pautado para coincidir con el progre y actual “ve corre y dile” del stalinista dueño del trompetín.

A la mañana otro desconocido escritor afirma: “Los K se comieron los intereses de los 600 millones que tenían colocados en un banco”. Otro dice: “Los 600 millones que correspondían a Santa Cruz”. Todo un coro de pautados desinforman a la opinión pública justificando un mal gobierno de derecha por la corrupción K.

Y así todo el día. Tapas de diarios dominantes, informativos y la caja boba a pleno relatando un mensaje para que pensemos que el mal pasar se debe a los K y no a los M.

Malcom X, un luchador social dijo: “Si no estás preparado ante los medios de comunicación, te harán amar al opresor y odiar al oprimido”.

Cuánta razón. ¿O acaso no odiamos al piquetero y aplaudimos al ministro de economía? ¿No insultamos al maestro que se planta frente al miserable sueldo y comprendemos a la gobernadora sonriente? ¿No recibimos con gusto a un empresario en nuestro living pero echamos de la puerta al cartonero? Nos cuesta dar una moneda al marginal pero pagamos fortunas por un cubierto en una cena de campaña para llevar al máximo cargo a quien luego nos devastará. ¿Acaso no respetamos a editores monopólicos dueños de 700 medios y descalificamos a seis integrantes de un programa de la televisión pública de antaño? Aplaudimos a Obama y vituperamos a Evo. Nos avergüenza Bolivia o Paraguay pero admiramos a USA responsable de los últimos 218 conflictos bélicos y diseñadores de ISIS. Y si, la gente se arrodilla ante su Dios, la caja boba.

La misma que pinta a los K como el mismo diablo y a Macri  como Cristo. Quizás tenga el mismo final, pero por ahora la gente le reza a él, a  Estados Unidos y a las corporaciones, o sea la santísima trinidad.

Muchos se olvidaron de otros tiempos. Épocas de ampliación de derechos, de vacaciones familiares, de fútbol para todos, de presencia del estado, de la patria es el otro, de plazas de alegría, de comida barata y tarifas accesibles. Hoy la caja boba, o nuestro Dios, nos habla de desocupación, de corrupción, de tristeza, de pobreza. Un mensaje preparado para la clase media: “Seremos pobres pero veremos políticos presos”.

Hubo una época mejor, con errores, con miserias, con ladrones pero mejor que la actual.  Nietzsche tenía razón: “A veces la gente no quiere escuchar la verdad, porque no quiere que sus ilusiones se vean destruidas”. Y la ilusión de la clase media es ver peronistas presos  y un anti peronismo en el poder, empobreciendo pero castigando y destruyendo un país para convertirlo en factoría servil del poder real.



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