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3 de junio de 2016
Ni una menos
A un año de la multitudinaria marcha del 3 de junio de 2015 donde miles de mujeres dijeron BASTA y gritaron NI UNA MENOS, si bien se logró la visibilización de la violencia de género, la violencia no disminuyó.

Soledad Sganga-Politóloga. UBA

Vivimos en una sociedad machista, en la cual la mujer es encasillada en un estereotipo que por cuestiones obvias se refuerza desde los medios de comunicación y distintos programas y publicidades.

 Es innegable que hay una diferencia biológica entre un hombre y una mujer, sin embargo, esa diferencia queda nula muchas veces superada a niveles fundamentales que abarcan desde el tejido social, como es el rol de la mujer en la familia, como el rol de la mujer en la sociedad, como mujer independiente, trabajadora y capaz de desempeñar infinidad de tareas en las mismas condiciones que un hombre. Lo intelectual, lo académico, no se mide por una cuestión de género, sino por aptitudes.

 Nos bombardean desde los medios con distintos programas, publicidades, formatos de programas, etc. Donde  la mujer se presenta como un objeto con características muy marcadas, desde Tinelli hasta un desfile. Se pasa de la voluptuosidad obscena a la extrema delgadez.

 Las publicidades hacen lo suyo también. Las mujeres con productos de limpieza hasta productos para ser eternamente jóvenes. Mujeres que no pueden enfermarse porque las madres no se enferman…

 La exigencia que se desprende de éstos estereotipos impacta fuertemente en el colectivo de la sociedad, naturalizando éste tipo de cosas que no se plasman en la realidad del día a día.

 Nos cansamos de escuchar y de ver casos de violencia de todo tipo, verbal, visual hasta la más extrema que terminan en violaciones y muertes. Naturalizando una supuesta inferioridad de la mujer que para que éstas cosas no sucedan no deben vestirse de tal o cual forma, que las mujeres al seguir determinada moda habilitan implícitamente a ciertos “piropos” que no son tales, a soportar manoseos en transporte público, y de esa forma reafirmar la falsa superioridad masculina.

 Nadie sea hombre o mujer tiene derecho a ejercer sobre nadie violencia alguna, sea verbal, gestual, laboral, corporal. Un grito, un insulto, el destrato, el maltrato psicológico, las justificaciones de “eso le pasó porque se lo buscó”, la pollera corta, el escote pronunciado, un empujón, un golpe… La condena social por el derecho que cada mujer tiene sobre su cuerpo, sea rellenita, flaca, más o menos voluptuosa, el derecho al aborto legal sin criminalizar y encarcelar a ninguna por haber practicado un aborto. Antes de determinadas condenas, debe haber medidas de prevención y educación. Y también debe dejar de existir el prejuicio de clase.

 El ejemplo de esto que siempre se pone es el de una mujer que tiene cinco hijos sólo para cobrar un beneficio social y Maru Botana que tiene 8 hijos pero en ese caso esta bien… Basta de hipocresía, porque así como pedimos NI UNA MENOS también NOSOTRAS MISMAS DEBEMOS DERRIBAR TODOS ESOS MANDATOS sin miedo, sin presión y con firmeza y la convicción. Luchar por un cambio cultural que tiene a la mujer con muchos derechos ganados pero que en la cotidianeidad no son reconocidos y muchas veces por distintas razones no los hacemos valer.

 Y mantener siempre viva la exigencia hacia el Estado de la creación y vigencia de programas de asistencia para contener ésta temática. Programas que se han ido cerrando lamentablemente al ser considerados gastos o simplemente por una cuestión ideológica y conservadora, retrógrada y violenta. Exigir la reapertura de programas de asistencia a víctimas de violación, de trata de personas, a no callar cuando no se toman en la comisaría la denuncia, a no callar ante la injusticia de la justicia.

 Yo quiero vivir en una sociedad en la cual pueda ver a la mujer libre, libre de ruleros y batón, libre de zapatillas y jean, libre de escotes y minifaldas, libres de ser amas de casa o ser profesionales, libres de trabajar en igualdad de condiciones económicas. LIBRES!!

 Vivas las queremos, vivas nos queremos. 



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