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22 de junio de 2016
Insultos
Por Simón Radowistky.
La diputada Carrió suele banalizar las entrevistas con un: “Yo amo a Mau” o “a Aranguren también lo quiero”. Claro que si habla de cualquier K el adjetivo siempre se convierte en parte de la grieta.

El odio es parte del mensaje pero no es nuevo. Siempre pasó en los gobiernos antinacionales y antipopulares. En la mejor época del primer gobierno de Perón también pasaba y desde la radio el personaje de Mordisquito, encarnado por Discepolín, trataba el tema. Las grabaciones en su mayoría fueron quemadas por la revolución fusiladora pero desde lo que recogió Norberto Galasso citamos un programa donde hablaba del insulto.

“Ayer recibí una carta tuya. Me dice una que era tuya porque empezaba insultando. Y detalle  curioso, fijate vos el que insulta nunca tiene razón. Por eso insulta. Como  el que grita. O el que pega. Me di cuenta que era tuya, además porque no traía firma alguna. Una carta anónima. Quien no tiene razón casi nunca firma. Y claro, ¿Cómo se va hacer responsable de una carta sin ninguna responsabilidad? Ni responsabilidad, ni valentía, ni razón. Esa mínima, esa elemental valentía que se necesita para afrontar una  posición o reconocer un error. Cicerón te hubiese perdonado. El error se perdona. Es humano. Pero es de torpes, dice, permanecer en el error. Y vos estás encima del error más tremendo, sentado en él y adherido con su pégalo todo. Y tiras piedras contra las vidrieras. Gritos contra los que pasan y cartas anónimas contra los que, como yo, solo saben ofenderte con la verdad y los hechos. Tirás y lógico, escondes la mano. Todos los ingredientes del resentimiento se mezclan en el magro pucherete de tu carta, la envidia, el rencor, la sinrazón, la injuria. Ingredientes que resumen una sola resultante, tu rabia. Una rabia de pichicho que no puede morder su propia cola y entonces ladra de este modo: “Claro, vos hablas bien porque estas acomodado”. Para vos todos los que comprenden que el país transita un destino de bienestar y de justicia están acomodados. ¿Y sabés una cosa?, sí tenes razón. Estamos todos acomodados. Desde los pibes, para quienes se viene construyendo una escuela por día, para quienes se han organizado campeonatos deportivos y ahora no tienen que escabullirle el cuerpo al vigilante, porque hasta en las canchas están acomodados  los muchachos, aquellos que antes vendían diario, que tienen ahora cientos de escuelas de enseñanza técnico-profesional y enseñanza universitaria gratuita. Y también se acomodaron los obreros, los laburantes de nuestra sufrida carga y la clase baja de tu irreflexiva soberbia, que aumentaron al triple sus jornales y lograron la dignificación del trabajo. ¿Te vas dando cuenta que estamos todos acomodados? ¿Y qué me decís de los miles de viviendas que se han inaugurado en el país? ¿De los institutos de asistencia social, de los policlínicos y de todo lo realizado a favor de la población? Es brutal el acomodo. Se acomodó la salud y el bienestar general. ¿Has visto? Estamos todos acomodados. Todo el país, todos menos vos estamos acomodados”.

Lo que relataba Discepolín pasaba en el primer gobierno de Perón. Muy similar a la época K. Sin embargo hoy los acomodados son pocos. Solo los gerentes y la línea PRO de Cambiemos. Ellos desde la impune riqueza determinan la pobreza de un pueblo que hoy esta triste y que hace seis meses estaba acomodado.



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