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24 de junio de 2016
La herencia recibida
Por Gabriel Princip.
Algunos dicen que la historia es cíclica, otros reiterativa y algunos coincidimos en que es rutinaria. Siempre que hay un cambio de gobierno la frase preferida de los oficialismos para con los medios es “la herencia recibida” o descalifica a la anterior gestión sobre el mal uso de los dineros públicos, la corrupción o el despropósito que se hizo con la economía.

Hombres cercanos al gobierno afirman que el ejecutivo se equivocó en no saber comunicar como se hallaron las cuentas. Una alta fuente consignó: “No se tenía la idea exacta de los números y una vez que nos dimos cuenta no nos animamos a contar la verdad, ya que el dólar se hubiera ido a 40 pesos  y no a 15”.

Lo cierto es que aparte de la oposición, un sector del oficialismo está disconforme con el presidente Macri pero oculta su opinión. Por un tema de comunicación, por miedo o por no entender la política el oficialismo pocas veces recurre a la verdad como bandera de su política.

Desde el otro lado de la vereda, explica la herencia argumentando que se dejó un país funcionando con errores en la economía, pero con ampliación de derechos.

Partiendo desde la creencia que el oficialismo tuviera razón, que fue una sorpresa los números que encontraron la pregunta que cabe es porque no usaron la cadena y lo comunicaron. Porque no cuentan la verdad, porque abarrotan de operaciones mediáticas la caja boba con hechos que no interesan a las mayorías.

No hay una respuesta que conforme. De hecho y suponiendo que Macri no mienta, ha habido presidentes que tuvieron grandes problemas y se plantaron frente al pueblo y contaron realmente lo que pasaba.

En 1984, Raúl Alfonsín convoco al pueblo a la Plaza de Mayo. En un mensaje emotivo, la gente en franco apoyo al ejecutivo recibió una frase que golpeó sus bolsillos: “estamos en una economía de guerra”. A pesar del malestar económico el radical sacó chapa de líder y supo sobrellevar su gobierno hasta que el plan primavera y el austral marcaron el principio del fin.

Pero más lejos en el tiempo, en 1952 el peronismo que venía de un gran primer gobierno  enfrentó una gran crisis motivada por las sequias. El 18 de febrero de ese año el General Perón enfrentó a la sociedad y comunicó: “Situaciones similares ha enfrentado la República recurriendo al fácil expediente de los empréstitos externos. Ya han llegado hasta nosotros las insinuaciones y las ofertas de los prestamistas que anhelarían colocar sus capitales lejos del teatro de futura guerra y garantizados por nuestra potente y floreciente economía. Sin embargo,  preferimos afrontar  la situación con nuestros propios medios sin recurrir al peligroso recurso de empréstitos extranjeros, que solo sirven para hipotecar el futuro y comprometer la propia independencia y soberanía”.

Alfonsín y Perón ambos líderes de diferentes corrientes políticas pero los dos del campo nacional y popular. Los dos supieron enfrentar sus respectivas crisis y salieron a flote, en ambos casos, por el término de dos años. Luego diferentes clases de golpes ilegales dieron por tierra con sus gobiernos. Pero por sus dotes de líderes en el peor de los momentos llegaron hasta el pueblo, explicaron la situación y la gente los supo apoyar.

Hoy Macri nos quiere convencer que la herencia recibida es tan pesada como terminal. La sociedad dividida tiene dos visiones. Una no le cree y entiende que heredó un país funcionando. La otra mitad de la opinión publicada sostiene que los K se llevaron todo y las arcas quedaron vacías justificando los empréstitos amarillos. Cualquiera de las visiones que constituya la verdad o las dos sean ciertas,  también es real que el presidente perdió su oportunidad de sacar chapa de líder imitando a Alfonsín o Perón. En una palabra, el presidente vive en directo el principio del fin.



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