La irrupción del Covid en nuestras vidas nos ha afectado de diversas maneras. Algunas son más visibles, otras menos. Pero todas las ellas van dejando sus consecuencias en las personas. Dos psiquiatras de la agrupación Luchemos por una Caja Justa nos relatan algunas experiencias de su práctica cotidiana.

A nadie escapa quela pandemia nos ha cambiado la vida y las costumbres. Pero una de las cosas más intensas que nos ha causado la obligatoriedad de aislamiento es a nivel psicológico.

La psiquiatra María Isabel Di Camillo y su colega Valeria Carolina Gobbi, ambas médicas de planta del Hospital Larrain y con consultorio en Ciane, comentan su experiencia con pacientes de diversas edades.

“La Pandemia nos sorprendió a todos -dice Di Camillo- a la comunidad y al personal de salud. Fue difícil en un comienzo cambiar de paradigma, aprender a utilizar la telemedicina en los casos en que se podía. En otros hemos sentido que las barreras que nos imponían eran muy grandes porque nada reemplaza la presencialidad, el contacto del paciente con el médico, el poder mirar a los ojos a los que padecen y requieren de nuestros cuidados”.

Una de las franjas etarias que atiende habitualmente la Dra. Di Camillo es la de adultos mayores. “Hemos visto que los adultos mayores con el aislamiento se desgastaron y entristecieron, muchos supieron que la vacuna podía protegerlos, pero, de todos modos, la tristeza los abatió, perdieron el encuentro con sus hijos y nietos, con sus pares, con la posibilidad de participar en los grupos de jubilados, de tener actividades propias de la edad”.

Por su parte la Dra. Valeria Gobbi explicó que “en esta etapa es muy importante la capacidad de sociabilizar, de tener un grupo de pertenencia, de compartir momentos de alegría con sus pares. Fue muy negativo para ellos no poder asistir a centros de día o espacios de estimulación neurocognitiva, o a aquellos centros de jubilados donde  compartir sus clases de yoga, manualidades, los almuerzos que organizan para bailar y divertirse. Para los mayores que no tienen familia estos lugares son altamente necesarios. Muchos abuelos debieron ingresar en instituciones geriátricas,por ejemplo, por la falta de dispositivos sanitarios de los centros de día, que resultan ser instancias intermedias antes del ingreso a los hogares de sostén y mantenimiento, comúnmente conocidos como geriátricos” sostuvo.

La especialista también comenta que “se vio un aumento de la violencia doméstica en las diferentes edades producto del tiempo de convivencia. Se multiplicaron las separaciones, incluso en parejas de muchos años. En la población comenzaron a multiplicarse los cuadros depresivos, los trastornos por ansiedad y por el sueño. Al principio del aislamiento muchos sintieron que la cuarentena era un descanso del trabajo, las clases, que les permitiría compartir más tiempo en casa y en familia. Al transcurrir los meses vieron que esto no era así.Comenzó la desorganización de los horarios para las actividades y fundamentalmente para el sueño. Quedarse sin trabajo generó muchos procesos depresivos.

Otro grupo muy afectado fue el personal de salud. “En los trabajadores esenciales aparecieron trastornos por ansiedad, el miedo a contagiarse covid, trabajar sin descanso y viendo morir a colegas, familiares, amigos y pacientes.  Verque la gente no se cuida ante esta enfermedad que generó tantas muertes en el mundo no se entiende, el personal de salud sufre como el resto de la gente. No pueden ver a su gente por cuidarse ellos y para cuidar al resto. Ellos están expuestos desde un comienzo. Primero los aplaudían como en todo el mundo, luego comenzaron a sentir el desprecio por parte de algunas personas y se empezaron a sentir muy angustiados. Vimos colegas que se contagiaron que no querían que en los edificios donde vivían se enterasen que transitaban la enfermedad para no ser escrachados y maltratados. Esa etapa fue muy dura”, agregó.

“Los médicos no estuvimos acompañados”, aclara la Doctora Di Camillo. “Muchos tuvieron que comprar sus propios elementos de seguridad porque eran escasos y pagaron sobreprecios para obtenerlos.Con respecto a nuestras propias instituciones médicas, la Caja de Médicos de la Provincia de Buenos Aires, donde nosotras nos desempeñamos, no actuó en la medida de la necesidad de los profesionales. Nuestros ingresos descendieron notablemente con la pandemia y dejaron de pagar sus aportes. Quienes hacen asistencia en privado viven de lo que trabajan, no cobran sueldo. Los pacientes por el miedo dejaron de concurrir a los controles y eso generó empeoramiento de su salud y también se vio reflejado en el ingreso de los médicos. La Caja de los Médicos de la Provincia de Buenos Aires no contemplo en lo más mínimo la situación de los colegas, más que posponer el pago de los aportes, pero en las mismas condiciones sanitarias y generando deuda a los profesionales.  Muchos se enojaron porque pueden entender que la sociedad no comprenda la magnitud del problema pero que una institución de médicos y para los médicos no nos cuide genera un fuerte malestar. Aportan toda la vida para un retiro que estará muy por debajo de la línea de pobreza sin saber en qué se maneja el dinero de la institución. La pandemia nos deja tristeza, preguntas, desolación, aprendemos más para continuar cuidando a nuestros pacientes. Sabemos que esto nos deja más sabiduría y comprensión sobre qué tipo vida queremos tener. Los médicos tenemos la posibilidad de cambiar lo que a veces nos enoja, por ejemplo, la Caja de Médicos. El 20 de setiembre es una oportunidad para votar un cambio hacia adentro de una las instituciones que nos agrupa. Creo que la lista Luchemos es una buena alternativa para lograrlo, por eso nuestro esfuerzo para que la mayoría de los médicos participen en la votación”, finalizó Di Camillo

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