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24 de junio de 2015
Mentirosos seriales
“Mentir es un pecado, llorar es un sentimiento” supo decir alguna vez a Saúl Ubaldini en su lucha a favor de los trabajadores. Así contestaba el gremialista ante la mentira cotidiana del sistema. El gobierno pasó y la mentira se desarrolló, llegando a estándares insólitos.

Por Gabriel Princip

Hoy la mentira además de ser moneda corriente en la política argentina invadió al cuarto poder, hasta desacreditar su marca.

No es difícil escuchar “Clarín miente”, es más, hasta se cree que la mentira tiene patas cortas, obesa y fuma cuando no insulta. Pero el diario es tremendo. ¿Y en que se basa esta calificación?, Simple: en que para imponer determinada política tergiversa la realidad, incluso, a veces, se desmiente asimismo regateando la verdad en el título, pero no en el desarrollo de la nota.

Pero no sólo este medio falta a la verdad. Sus subordinados también. Ya no sorprende escuchar a Lanata diciendo cualquier barrabasada, o Leuco inventando frases de época para denostar al peronismo, o sintonizar la ignorancia de Fernando Bravo para preguntarse uno. ¿Por qué creerle a un locutor que se formó con los militares y fue sólo duro con los gobiernos populares?

La lista sigue, pero sería hasta aburrido seguir mencionando figuras famosas pero lejanas a la verdad.
La política también tiene lo suyo. Existen aquellos que te mienten en un dato a veces, otros que te mienten en forma esporádica y otros que terminan siendo mentirosos seriales.

El caso más llamativo es el de Elisa Carrió. Cansa y deprime escuchar denuncias que finalmente no se sostienen por falta de pruebas. Harta ver su rostro con sus labios moviéndose en busca del odio. El bostezo se presenta cuando con sonrisa falsa ama a cualquier cachivache que piensa en forma similar y acusa de nazi, stalinista, talibán, comunista o narco gay a todo el resto del planeta que tiene una visión diferente de la vida.

La definición exacta en estos casos es la de mentirosos seriales. Le cabe a Carrió, Bullrich, Alonso, Prat Gay, Del Sel, De La Sota y siguen las firmas. Pero no es raro escuchar ni encontrarse con estos ídolos de barro: lo extraño es que la confusión por ellos provocada tome de rehén a gente honesta, decente en un principio o inconscientemente parecida a ellos.

Cuanta gente hace de su opinión un fanatismo. No es tan equivocado decir que el fanatismo parte de la ignorancia, por eso se llega a opiniones cerradas sin lugar a la duda ni a la autocrítica. Por ese camino hay quienes piensan en la honestidad brutal de los mentirosos seriales. Algún ingenuo les creerá. Elisa, por ejemplo, es tan veraz en sus dichos como pura en su patrimonio. Claro que esa pureza se cae cuando uno se pregunta, ¿Por qué una ONG norteamericana la financia? ¿Qué pide a cambio? o ¿Por qué la derecha cuando quiere callarla abona viajes continuos? O, si entramos en la historia, sería útil que explicara su relación económica con los militares de los setenta.
En fin, hay gente que le cree. Lo hará porque se deja engañar o quizás se le parezca. Es raro.

También es raro creer en un periodista que acusa a alguien de mafioso y después termina trabajando para este. Bueno, este señor tuvo 5 millones de razones para aceptar un cambio de opinión. Es raro.

Lo mismo pasa con Magdalena, que factura 72 millones anuales para servir a la derecha campesina y que esta escuche sólo calificativos en contra de lo nacional y popular. Es raro.

Pero todavía resulta más extraño que haya gente que apoye a cualquiera de estos malandras con tal de que se combata lo nacional. Digamos, para tomar un caso, que esta gente decente funciona como un amigo, incapaz de un acto de corrupción pero antiperonista hasta la médula.

El buen hombre se crea ventanitas virtuales de conflictos donde sólo existe en su imaginación. Y sobre algo irreal opina y con esa idea busca algún medio que coincida. Que se entienda, parte de una mentira y busca el aval de algún medio que dirá otra cosa, pero ambos tienen el mismo objetivo, destrozar cualquier acción política popular.
En síntesis, estos honestos quizás pero confundidos al fin, buscan al medio de comunicación que los traslade en el camino de la mentira para lograr la grieta social. Con esta cucarda van tranquilos a la charla de café, peluquería o asado de viernes por la noche para poder discriminar, descalificar, denigrar y derrotar a una clase baja habitada por trabajadores empobrecidos. Confusión terrible de estos opinadores de la vida, en lugar de aliarse con los que menos tienen se suman a las clases altas para que dominen la historia de un pueblo. Semejante desacato a la moral sin nada a cambio. Es raro.

Quizás alguien se de por aludido, la mayoría seguro que no. Pero no utilicen las virtudes humanas para descalificar a las mayorías. No hay que olvidar que en esta tierra la clase dominante premió a los genocidas Mitre y Roca y es responsable de los 400 muertos del 55´, los fusilamientos del 56´, los bebés robados del 70´, de las dictaduras, de los 30 mil desaparecidos, de los curas palotinos asesinados al igual que las monjas francesas o Angelelli, de los procesos económicos antipopulares, del corralito y de los 34 muertos del 2001.

Por eso usted puede ser honesto, trabajador, decente, nadie lo duda, pero en la confusión que proponen los medios termina siendo funcional a aquellos que les interesa el país, pero sólo para esquilmarlo.
Entonces la conclusión es que no son honestos porque no están capacitados para delinquir: son parecidos a los delincuentes mediáticos y políticos cuyo único fin es perpetrar el gran robo a la ilusión.



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