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10 de julio de 2015
Encadenados - Por Gabriel Princip
La presidente Cristina Fernández encabezó el acto del día de la independencia y generó una cadena nacional. Con ello, las críticas de siempre en las redes sociales y en los voceros de las corporaciones mal llamados medios de comunicación.

Por Gabriel Princip

 

Ya escaso sentido tiene decir en que cada acto patrio cualquier gobernante argentino utilizó la cadena nacional. En épocas uniformadas veíamos aburridos y sin quejarnos el desfile militar correspondiente. En la era alfonsinista lo mismo, con la diferencia que los héroes de Malvinas no se visibilizaban. Con Menem aparecieron los ex combatientes. De dela Rúa ni recuerdos quedan.
En los últimos doce años, el acto tomó un carácter federal como cualquier otra fecha patria, es decir, se traspasó la General Paz para saludar a la bandera.
Y este último no fue uno más. Marcaba la despedida de los actos de la independencia de Cristina Fernández. Los diarios lo hacían notar con malicia y saña, las redes sociales el sentimiento se repartía pero en Tucumán la emoción vibró y convocó a miles de jóvenes para embellecer un acto que antiguamente carecía de alegría y sólo sobresalía el color gris del aburrimiento y la obligación.
Igualmente, a través de los mensajes radiales y diferentes foros, una parte de la población hacía notar su descontento por el uso de la cadena y por hablar de Néstor y no de la fecha.
Como siempre, el ojo opositor califica antes de observar y como es su sana costumbre falla en el análisis. Por empezar, Cristina habló del Tucumán del 1816, mencionó los tiempos difíciles de antaño, remarcó la interna vivida por Belgrano y algunos con apellido de calles y erróneamente llamados próceres. Comentó, una vez más, su simpatía por el creador de la bandera y cuestionó a aquellos argentinos que no estaban dispuestos a acompañar la independencia generada por San Martin, Belgrano y el pueblo.
Realizó una COMPARACION CON LA ACTUALIDAD y resignificó la independencia económica lograda por su esposo. Al mismo tiempo que cuestionó a quienes no la consideran peronista. En síntesis, contó lo que pasó hace 199 años pero sin la decadente historia mitrista que leímos en Billiken, hizo una comparación con la actualidad y saludó a su gente haciendo eje en los jóvenes, el futuro.
Eso pasó. Ahora bien, en las redes sociales la frase “da vergüenza no habló de la patria” se repetía por decenas, o “siempre hablando de él, no tiene vergüenza” venía segundo en las mediciones. Pero también existían mensajes positivos, de amor, cariño y emoción. El tema es que el amor no entra en la cabeza opositora, sólo lo entiende en una película yanqui de la década del 40.
Habrá más cadenas y seguramente seguirán las críticas. Pero, ¿alguien protesta cuando el nefasto programa de Tinelli sale por el 13 con consecuencias en el 9, 2 y 11? ¿Alguien se queja que los medios mienten a la gente en las mediciones y en la información? ¿Ponen el rostro adusto y pronuncian la palabra vergüenza cuando se le hace una entrevista a Mauricio Macri o Massa sin repregunta o cuestionamiento? Algún despistado dirá, “pero es una empresa privada y puede hacer lo que quiera”. Antes que lo piense, debe entender ese confundido que la televisión es una cuestión publica y que la antena de un canal esta alquilada, es del estado, no le pertenece al grupo privado.
Si los medios dominantes contaran una porción de la verdad, las cadenas serian innecesarias, pero se recurre a esta herramienta política porque si no creeríamos que en la Argentina sólo hay hechos de inseguridad, alta inflación y políticos vagos y corruptos.
Como se subraya sólo lo malo, nunca lo bueno y como colocón se miente en forma indiscriminada, la cadena se hace necesaria para aquel ciudadano que no se fanatiza con la oposición por la oposición misma. El hombre que no participa de la política ni en forma opositora tiene derecho a saber que existe un país que arrancó en el quinto piso del infierno y que ya se encuentra en el limbo. Igual en diciembre, las quejas tendrán otro receptor. Todo tiene un final, todo termina, por eso es importante para algunos emocionarse con el presente.



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