Por Gervasio Avellaneda.

 

Quizá no estén ciegos del todo, puede ser que sólo tengan acotado su campo de visión para “los colegios que valen la pena”, según ellos. No es probable, al fin y al cabo, que un miércoles por la tarde se junten centenares de personas, entre docentes, padres y vecinos, en la puerta de un colegio de un barrio periférico.
¿La razón?… Se pretende apartar (o reubicar en palabras oficialistas) a una maestra y una directora de la institución por “no haber cumplido con el protocolo”. Disculpe que sea reiterativo con las comillas, pero intento ponerme en la cabeza de esos no videntes y hablar con sus palabras.
El alumno, un nene de 5 años que falleció por una feroz golpiza que le propinó su padrastro. Un hecho aberrante digno de que la justicia investigue, y actúe, pero… ¿Y la docente?, ¿Cuál es el protocolo?
Debe ser fácil (me animo a suponer), tomar decisiones detrás de un escritorio y pedir respuestas que no puedo dar.
Así todo, en estos días habrá novedades sobre el futuro de la maestra y la directora. Pero hay fuentes que suponen que la decisión está tomada. Para cerrar, en la manifestación del miércoles que se llevó a cabo después de tanta lucha, una alumna tomó el micrófono para decir “no se va, la seño no se va”. Pero claro, los ciegos (y sordos) no se dieron por aludidos.