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20 de julio de 2015
Cómplices - Por Gabriel Princip
Siempre nos han explicado que el periodismo es el cuarto poder y que en una república debe imperar la libertad de expresión. Suena muy bonito, pero la señora realidad nos llama y con un susurro nos dice: “Muchacho, no me diga que el 6 de enero sigue poniendo los zapatitos”.

Por Gabriel Princip.

Así es, en Occidente existe la libertad de empresa y el cuarto poder se ha disfrazado de vocero del poder económico y supranacional como dice la señora realidad, el dueño de la pelota.
En los años de plomo desaparecieron 102 periodistas y la sociedad calló porque no sabía, y miró para arriba cuando se enteró. Eso sí, le mantenía el encendido rutilante al operador del momento que nos contaba un tiempo nuevo en el país.
En los diferentes ciclos democráticos hubo periodistas amigos del gobierno y no tanto. Aquí la vara de la injusticia se movía económicamente. Premios y castigos hacían girar la pauta publicitaria beneficiando a unos e ignorando a otros. Piensen como piensen, la justicia del ejecutivo tenía esa forma de someterlos o no.
Lo inédito para una democracia es que esta vez, la pelea raya en el campo de los pares, o casi. Una empresa gobernada por un contador con capitales de la Golden Sach hasta hace un año e importantes multimillonarios norteamericanos somete a un periodista famoso.
La violación hacia Víctor Hugo Morales disfrazada de acto jurídico impone una nueva moda en el campo de la libertad de expresión: el escarnio público. Los barras bravas de Clarín con saco y corbata y un título habilitante de gestor de la justicia penetraron en el lar del uruguayo.
El motivo, haber mostrado por la televisión pública un partido de fútbol en el año 2000. Épocas donde Macri reinaba en Boca, que indirectamente fue beneficiado por el hecho realizado por Morales. Y dicho sea de paso, no se lo escuchó a Mauricio solidarizarse con el violentado, imagino que su jefe se enojaría y lo despediría de la carrera presidencial.
La causa en sí es una excusa para apretar al periodista. El poder al unísono con la señora realidad le baten a Don Víctor: “Mi viejo, disciplinate y la pasas bien. Pero vos sos jodido, te crees eso de la libertad de expresión. Calmate y te bancamos los viajes como a Lilita mientras nosotros negociamos lo que vos llamas patria”.
Aníbal Fernández fue claro en su apreciación hacia el resto de los habitantes de la patria periodística, a poner las barbas en remojo porque, “a partir de ahora ustedes son culpables hasta que se demuestre lo contrario”.
Además prosigue la doña: “¿Quién lo mandó a Don Víctor a criticar al Héctor por que se acaparaba el fútbol? Si a la final no era lindo ver el color de las hinchadas festejando los goles así nos enteramos de quien había hecho un gol. En serio, ¿no era más lindo eso que ver los aburridos partidos? Además, poner a los bosteros en la tele. No tiene derecho, hizo bien don Héctor”.
El periodismo es una profesión vocacional donde impera la libertad y cuyo patrimonio es la información. Pero uno sin el otro no perduran en la carrera. Los monopolios no entienden ni de información y menos de libertad. Utilizan sus empresas para pingues negocios. Y en algunos casos para formatear dirigentes políticos rumbo a la rosada y con ese cargo menor someterse a los imperios lobistas del mundo empresarial. El mismo que nunca va a elecciones, permanece casi en el anonimato y nunca jamás mueven un dedo por la sociedad sino todo lo contrario.
Finalmente y sólo para recordar, Víctor Hugo Morales fue violado por transmitir en una ventanita de la televisión pública el partido Boca – Real Madrid. Pregunto, ¿Dónde estaba la justicia cuando Magdalena Ruiz Guinazú, gerente de Canal 11 de la dictadura observaba la realidad de Dinamarca para olvidarse de la oscuridad argentina? ¿Qué hacían los jueces cuando Clarín mentía a la población con hechos delictivos en sus páginas para cubrir actos de lesa humanidad? ¿Dónde estaban los militantes de la injusticia cuando la revista Para Ti relataba en sus páginas que los guerrilleros estaban en confortables cárceles con sauna? ¿Alguna vez se le ocurrió a La Nación arengar en favor de la búsqueda de los bebes robados? ¿Alguien allanó la casa de Bernardo Neustad por escondernos la realidad?
Y así podemos gastar más tiempo ejemplificando como el poder utilizando a sus voceros, los medios, no solamente nos someten día a día sino además nos trata de imbéciles. Por eso, en hechos como el relatado tenemos que involucrarnos y en lo posible estar más cerca del periodista que del poder, sino seremos otra vez cómplices de la injusticia. ¿No le parece?



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