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20 de agosto de 2015
Calles Porteñas - Por Gabriel Princip
“Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste?”, salgo de la casa por Arenales, lo de siempre en la calle y en mi, así comienza Balada para un Loco. El hit de Astor Piazzolla se transmite en vivo y en directo en forma cotidiana. Porque a pesar de todo, la puerta de Buenos Aires resulta un ejido diferente.

Por Gabriel Princip.

Húmedo, gris, con insomnio, más luces que pobreza, riqueza en algunos autos importados y olor a muzzarella de las Cuartetas que invade el Obelisco de norte a sur y de arriba a abajo.
Afiches, chicos pidiendo en nombre del estado de clase, impiadosos caminantes que ignoran mendigos en nombre de la autoridad estatal, eso es Buenos Aires.
Luces rojas, chicas a todo servicio, cartelitos pegados en cartelones, taxis midiendo la economía de la población para observar si lo solicitan o no, eso es Buenos Aires.
Carencia de animales a la vista pero terminaciones en marrón claro de canes descuidados, gente que corre, que mira, que habla con celular cual horda histérica rumbo a un norte sin brújula, eso es Buenos Aires.
Calles bacheadas, rotas, arregladas por tercera vez en seis meses, balas gigantes adornando el microcentro, mercados chinos y cambio, “cambio” dice el arbolito. Así son las callecitas de Buenos Aires.
Observamos al porteño, un italiano que habla en español y pretende ser un inglés. El mismo que a los gritos pide un taxi, que no escucha al chofer y paga sin cambio para salir raudamente a su lar laboral.
En esas callecitas está el busca, el ciruja, el mechero, el que corre, el que pide, el diariero, el cadete, el turista, el periodista, el dirigente. Todos caminando en forma rápida y hablando con su celu. Una conjunción histérica parlante emitiendo tips cibernéticos para lograr comunicaciones vanas y frívolas. Eso también es Buenos Aires.
Charlas en bares, cortados al paso, las puertas de las radios reciben a sus estrellas, y desde arriba el firmamento luce esplendoroso con los escritos de Borges, el canto de Gardel, la voz del Pocho y los goles de Diego, relatados por Víctor Hugo. Esa es la identidad porteña invadiendo esas callecitas que tienen “ese qué sé yo”.
Buenos Aires, reina del Plata, con calles que nunca duermen, piquetes que se levantan temprano y humedad que mata porque se instala día a día. Todo eso es Buenos Aires y sus arterias. Esas callecitas que tienen “ese qué sé yo”.



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