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22 de octubre de 2012
Descreimiento, improvisación y promesas incumplidas
La falta de fe en la clase política, la acumulación de problemas sin resolver, la ausencia de planificación y varias promesas incumplidas, formaron parte del análisis de un grupo de periodistas riograndenses. Como comunicadores, dieron cuenta además de las dificultades para acceder a la información pública y los “teléfonos apagados” para los críticos de la gestión.

(Gentileza de p23.com.ar)

Río Grande.- En Tierra del Fuego el descreimiento parece ser el denominador común de los trabajadores de la prensa y de la sociedad en general, hacia la clase política. Este sábado debatieron alrededor de la gran mesa del estudio de FM Universidad, sobre la situación provincial, la difícil relación con el gobierno, la frustración por promesas incumplidas, la ausencia de planificación para salir de la crisis y las dificultades para acceder a la información pública.

Participaron Fernando Tropea, ingeniero en construcciones pero dedicado por completo a su labor de locutor y conductor de programas, y parte de la planta de Radio Nacional; Armando Cabral, titular del portal digital Lalicuadoratdf y conductor de programa periodístico en FM Ritual; José Piñeiro, periodista de Provincia23 y corresponsal de la agencia DyN; Ramón Taborda Strusiat, periodista de Provincia23 y del área de prensa del Municipio de Río Grande; Lorena Uribe, periodista de la rama policial y judicial en Provincia 23 y FM Del Pueblo; Christian Bisso, del portal Delfuegonoticias y conductor en FM Universidad; y Carlos Fontán, periodista de Canal 13 de Río Grande; bajo la conducción de Germán Gasparini y Alberto Centurión.

Hubo un intercambio de anécdotas y referencia a casos puntuales, como la reciente fuga de cuatro detenidos en la alcaidía local, que sirvieron de base para debatir sobre el estado en general de los servicios públicos.

La fuga permitió conocer que en el lugar de detención había cámaras que no filmaban, que dejaron de funcionar a poco tiempo de instaladas, un detector de metales fuera de uso, y falta de personal para la custodia. “No me sorprendió que los presos pudieran fugarse, porque hace cinco o seis años se viene diciendo que la cárcel se cae a pedazos porque no tiene un mantenimiento como corresponde; se habla de las celdas, las rejas, las ventanas, el hecho de que no haya personal, porque no se puede tener cinco personas durante la noche para cuidar a 50 internos”, refirió Lorena Uribe, abocada a la información sobre esta materia.

Fernando Tropea generalizó esa falta de mantenimiento y manifestó que es una situación que se da “hace años” y que “se van acumulando cosas”.

“Todo lo que se hace es pensando en la urna que va a venir. Qué pasa si hacemos las cosas bien y en vez de salir un mes antes a recolectar votos, trabajamos para la gente desde el principio. El efecto sería mucho más positivo”, opinó.

José Piñeiro expuso su sensación personal por la evolución de la gestión Ríos en particular: “Primero pasé por la defraudación, por la sorpresa, porque con esta gestión, sin compartir la filiación política, tenía una expectativa diferente. De otras gestiones esperaba poco y nada. Pero de esta esperaba algo distinto y, cuando uno espera un poco más, el golpe es más grande”, dijo.

Consideró que en esta realidad complicada, “tanto los legisladores como los funcionarios viven en un micromundo”, y la distancia de la gente es cada vez mayor.

“Si tuvieran asesores, desde la viveza podrían hacer algo para que los sigan votando”, consideró, con un cuestionamiento a los colaboradores que se eligen sin voluntad de que aporten a una transformación, sino por otras motivaciones.

Diferenció esta realidad de la política del gobierno nacional, aunque aclaró que tampoco comparte la ideología, “pero hay medidas claras como la ley de medios, la asignación universal por hijo, la política en derechos humanos. En el lugar que uno se ponga, tiene que decir que la verdad que esto estuvo bien. Pero si me pongo a pensar en la primera gestión Ríos y lo que va de esta, no le encuentro una a este gobierno”, comparó.

Tropea marcó la “indignación” que genera el ver que “están dadas todas las condiciones para que las cosas no sean así, porque es una provincia con pocos habitantes y con muy buen presupuesto. Podríamos estar muchísimo mejor”. Sin embargo no sólo ésta sino que “la mayoría de las gestiones son como salas de guardia, van detrás del problema”, apuntó sobre la ausencia de planificación.

 

Sin plan ni rumbo

Por su parte Armando Cabral indicó que “generalmente partimos de una premisa falsa cuando se habla de la decepción, la frustración y la expectativa puesta en algo. Siempre pregunté cuál era el plan. Porque no hay nada planificado, vamos navegando sobre la improvisación y, como está todo improvisado, no hay cámaras en el servicio penitenciario y sí tenemos cámaras en una farmacia. Es cosa de locos”, dijo sobre un elemento básico de monitoreo que, aunque parezca increíble, no está funcionando en la alcaidía.

 

Mencionó las advertencias del gremio de la salud, que plantea que ya la semana próxima no habrá insumos en el hospital de Ushuaia, otro ejemplo de falta de previsión. Y cuestionó que en general “nadie explica nada. No se explicó el tema del puerto, de los chinos, de la soja, de las 755 mil horas cátedra. Es toda una improvisación absoluta y viene desde siempre”, sostuvo.

Citó algunas frases de la gobernadora, que no pudo cumplir ni sostener en el tiempo. “La ley la interpreto yo. Yo administro. Vamos a hacer un cambio de 180 grados en el destino de Tierra del Fuego. No se dio ni la primera, ni la segunda ni la tercera”, afirmó, y como muestra recordó la interpretación errática de la ley Gaucho Rivero.

Respecto de la inversión de fondos públicos, mencionó los “440 funcionarios que insumen un gasto de más de nueve millones mensuales. Si trasladan esa suma a los hospitales, tendrían los servicios que corresponden. Hace diez años este era un hospital referente de la región”, recordó.

El mentado arancelamiento, en este marco, ya perdió sentido, dado que “con esto de no pagar bonos, tengan o no obra social, no hay quién atienda”, dijo, en un repaso sobre la pérdida de profesionales que ya se concretó, y la que están en vías de concretarse por jubilaciones y renuncias.

No sólo advirtió gastos desmedidos en el Ejecutivo, sino también en la Legislatura, que “tiene más presupuesto que Tolhuin municipalizado. Se hizo un globo inmenso con la municipalización y la Legislatura tiene tres veces más presupuesto, con 140 personas”, señaló.

 

Sociedad desconectada

Mientras la clase política se maneja de esta manera, hay una sociedad ausente que no parece interesarse. Fue el planteo de Christian Bisso, sobre la apatía generalizada, cuando antes se daba una reacción. “Da la sensación de que gran parte de la sociedad está anestesiada, no interviene, no participa”, dijo, y llamó la atención sobre “el tiempo que va a tomar después recuperarnos”, dado el grado de deterioro de todos los servicios públicos.

Tropea apuntó que “se va a demorar más porque no se ha reconocido el problema. Eso va a hacer que se demore mucho más tiempo recomponer esta situación”.

 

El descreimiento

La falta de confianza en la clase política es el denominador común, y consecuencia directa de las promesas incumplidas. “Es indudable. Todos nos conocemos, sabemos nuestro origen y cómo cada uno fue cambiando su estilo de vida. Eso contribuye a que uno empiece a desconfiar y no tenga el mismo concepto del funcionario. La gente mucho no confía en la clase política, no cree, y esa situación se revierte solamente con trabajo y demostrando que hay políticos que quieren trabajar para la gente y no para ellos mismos o sus allegados”, dijo Tropea.

No sólo dio cuenta de incumplimiento de planes, sino de su ausencia y pidió “primero que los presenten, porque yo he visto planes de gobierno que eran dos carillas. Hay una gran mayoría que habla para la gilada, es un gran cuento que después no se cumple”, aseveró.

Cabral consideró que “la credibilidad se ha perdido casi absolutamente. Se miente mucho, aun en los medios, y somos responsables de eso porque he escuchado a tipos monologando 45 minutos al aire y nadie les dice nada”, observó sobre algunos periodistas que no objetan declaraciones, sabiendo que quien las hace está faltando a la verdad.

La contracara para quienes cuestionan o repreguntan, es ser ignorados después: “Ante preguntas puntuales sobre temas puntuales, la respuesta es el teléfono apagado”, dijo, dando cuenta de la dificultad para acceder a la información.

Planteó un desinterés generalizado de la clase dirigente, que permite el agravamiento de la crisis al punto en que se ha llegado. “No se preocupan, no les importa, no saben, no quieren, no sé. Pero lo cierto es que se ha degradado mucho, y son tipos que definen nuestra vida”, subrayó, en particular con relación a la salud de los ciudadanos.

Se preguntó “cómo es que ni siquiera se cuestiona a la gobernadora por una deuda de 174 millones a los municipios cuando a Colazo se lo destituyó por cinco millones”, como otra muestra de la falta de reacción que tuvo la sociedad en otros tiempos no tan lejanos.

“En estos últimos años se ha visto muy deteriorada la clase política, y creo que los medios hemos contribuido para que esto pase. Si hubiese un diálogo más fluido entre políticos y medios, podría influir para que la gente tenga un poco más de credibilidad. El funcionario debería acercarse mucho más a la comunidad, lo que no pasa salvo cuando están en campaña”, aportó Lorena Uribe.

Por su parte Ramón Taborda Strusiat observó que “no sería tan grave el descreimiento si no afectara al funcionamiento del Estado”.

Además diferenció a quienes toman las decisiones de los trabajadores, y reivindicó “al empleado público, enfermeros, médicos, que a pesar de no tener recursos trabajan todos los días”.

Compartió con sus colegas que “falta planificación y los políticos deberían volver sobre este punto. No tenemos un proyecto de estado provincial, los municipios van detrás de las necesidades”.

En cuanto a la credibilidad, reflexionó que tendría que haber un esfuerzo de todos y otra predisposición hacia el que piensa diferente. “Se cuestiona al otro porque no es de nuestra ideología y no se le da relevancia a lo que dice”, lamentó, en un marco de diálogo complicado por estas divisiones.

Carlos Fontán se preguntó si tal vez “nos falta madurez o realmente interesa muy poco lo que le puede pasar a los otros”, y señaló que “la clase política argentina es rara, y la sociedad a veces prefiere votar en blanco antes que hacerse responsable de lo que está votando. Por eso nos va así”.

Para Piñeiro el descreimiento de los políticos “lo fueron construyendo a partir de las promesas incumplidas. Uno de los primeros anuncios de esta gestión había sido incorporar a la currícula de las escuelas la ley 19640. Pasó más de una gestión, eso no cuesta plata y es importante para la provincia, pero no pasó nada. Los que supieron ser oposición dentro del oficialismo tampoco construyeron un espacio propio, para darle a la sociedad alguna esperanza en la política”, mencionó sobre el sector que ahora se identifica como Encuentro Popular.

Como mensaje, instó a no perder la esperanza en la política. Si bien ve complicado “recuperar la confianza en los políticos, hay que recuperarla en la política, lo importante de participar, intervenir, opinar. En eso sí tenemos una obligación grande de empezar a trabajar para que la gente recupere la confianza y el interés en la política”, reiteró.

Finalmente Christian Bisso analizó la falta de fe como una característica social: “Descreemos de la política, de la religión, de la seguridad, hasta de lo que se vende como real en la televisión y luego vemos que estaba armado. La sociedad está descreída de todo. Si la sociedad es rara, nuestros políticos también van a ser raros, porque forman parte de nosotros. Yo entiendo la política como la herramienta transformadora de la realidad pero es lógico que la gente va a descreer porque ven que su realidad no se transforma”, manifestó.

“Esa herramienta transforma la realidad, pero la de ellos”, acotó Cabral casi como humorada, pero también como reflejo de la realidad.

Mirando hacia adentro, Bisso consideró que “la transformación que podemos dar como medios empieza por el trabajo que cada uno de nosotros hacemos”, y hacia fuera de la sociedad advirtió que “si hacen lo que hacen, es porque del otro lado les estamos dejando hacer”.

El desafío no es sencillo para los trabajadores de prensa que quieren poner algo más que el grabador delante del funcionario, y profundizar en la búsqueda respuestas: la gestión “no aprieta pero cierra la puerta al acceso a información pública”, terminó apuntando Cabral sobre una nueva forma de censura, que se explicita también con los “teléfonos apagados” a los críticos.



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