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5 de noviembre de 2015
La República de Otaria - Por Gabriel Princip
La reunión clásica de los lunes en un barcito improvisado en una nube, es la cita de los grandes que habitan y conforman el comando celestial. Los intelectuales arriman a la mesa con Scalabrini, Discepolín, Jauretche, Arregui y el más nuevito, Claudio Díaz. Del lado político, se llegan a la cita Néstor, el Che, Perón y Evita.

-“Estamos de balotaje. ¿Qué pasó con Daniel?”, refunfuña Néstor.
-“Calma compañero, tenga en cuenta que, en ciencia política lo que el pueblo cree es lo verdadero”.
-“Sí pero, segunda vuelta, General. Me quiero matar”.
-“Te recuerdo que estás muerto”, se mete Scalabrini Ortiz.
-“Y sí, pero alguien que explique esto por favor”, replica Néstor.
-“El General te dio una explicación. Pero no te olvides que el votante hizo lo que decía Arturo, “vota bien cuando está mal y vota mal cuando está bien”. Es así y si querés algún concepto mío esto es como el habitante de la República de Otaria que describí en “Bases para la reconstrucción nacional”.
-“Sabés que lo leí pero no me acuerdo. Contá Scalabra, contá”.
-“Nada extraordinario, un día, para hallar una explicación sociológica a nuestro país ideé a la Republica de Otaria. Sus habitantes son los otarios y estos tienen una acepción precisa, otario es el que cambia una cosa real y cotizable por algo sin valor, una palabra, un concepto, una ilusión, un halago interesado, el que cambia, por ejemplo, un jugoso bife por un elogio a su generosidad y a su espíritu democrático. El cuervo era un otario. El zorro, un vivo. ¿Me explico?”.
-“Seguí, seguí”, entusiasmado, grita Discepolin.
-“Está bien, pero después me recitás un tango”
-“Macanudo”.
-“A ver, Otaria produce más de lo que necesita para vivir. El exceso de producción lo trueca por combustible. Los otarios necesitan emprender algunas obras públicas para abrir horizontes a la vida larval en que viven. Sus economistas los han convencido de que deben recurrir al capital extranjero, porque Otaria esta huérfana de ellos. Nosotros nos disponemos a cumplir esa misión civilizadora. Para ello es indispensable hacer una revolución y asumir el poder. Nunca faltarán otros otarios dispuestos a servir a altos ideales que simbolizamos nosotros y las grandes empresas que nos aprontamos a ejecutar.
La moneda es el otarino. Tiene el mismo valor que el peso y se cotiza a la par. Los alimentos y materia prima de otaria valen lo mismo que sus similares argentinos. Los sistemas bancarios son iguales pero digamos que la memoria del Banco Central de Otaria diga algo semejante al Banco Central de la Argentina de 1938, la conveniencia de “transformar divisas en oro y dejar ese oro depositado en custodia en los grandes centros del exterior…no sólo por la economía que significa no mover el metal, sino por facilitarse de este modo su pronta y libre disposición con el mínimo de repercusiones psicológicas”. Este argumento que fue convincente para nosotros puede serlo para los otarios.
Instalados en Otaria y con un capital virtual vivimos. En Otaria vive un técnico de gran reputación, el doctor Postbisch. Este tras un breve estudio de una semana, descubre que los otarios estaban viviendo sobre un volcán. Sin darse cuenta atravesaban la crisis más aguda de la historia. Los Otarios no se habían percatado de ello, primero porque los otarios estaban muy ocupados en crearse una industria que abriera los cerrados horizontes de la mono cultura, segundo, porque habían pagado sus deudas y no debían nada a nadie, con excepción de algunos pequeños saldos comerciales, tercero vivían aceptablemente bien, y cuarto, porque en realidad se trataba de una crisis oculta que necesitaba la pericia clínica de Postbisch para ser diagnosticada. Para equilibrar el presupuesto nacional, que se desequilibrara más que nunca, para nivelar la balanza de pagos con el exterior, que daba superávit y dará déficit en adelante, el doctor dotado de poderes ejecutivos decide desvalorizar la moneda de Otaria a la tercera parte de su valor. El otarino que valía un peso desciende a 33 centavos de los nuestros.
¿Van entendiendo? ,
-“Dale, seguí”, dice Evita.
-“El doctor designa a esta operación “corrimiento de tipos de cambio”. Nuestro capital de 100 millones, que permanecía en expectativa en su moneda originaria, se triplica si se lo calcula en otarinos. Los productos de Otaria siguen, cómo lo es lógico, cotizándose en otarinos y el alza que el doctor Postbisch les acuerda es tan pequeña que no la consideramos, porque de todas formas no varía los resultados en su conjunto. El doctor ha convencido a los otarios de que tanto la desvalorización de su moneda como la estabilización de los precios son indispensables para escapar del vórtice de la espiral inflacionista y que esas medidas deben ser complementadas con la inmovilización de los salarios y los sueldos. En Otaria, pues, todo queda como antes de la desvalorización. Pero el genio creador del doctor se revelara en todo su poder en la multiplicación de nuestro capital.
Jesucristo multiplicó los panes, Postbisch multiplicó el dinero extranjero con que se adquieren los panes. Vamos a usar la nueva capacidad adquisitiva de nuestros capitales. Usaremos un solo peso, por si acaso nos equivocamos.
En Otaria con un peso se compraba un kilo de carne, que en el mercado interno de Otaria valía un otarino. La desvalorización de la moneda de Otaria, por recomendación de Postbisch, no se ha alterado los precios internos. Con un peso virtual se adquieren tres kilos de carne. Si exporto a la Argentina un kilo de carne, como allí sigue valiendo un peso, con ese kilo saldo la deuda que había contraído en mi país con la apertura del crédito. Me quedan dos kilos de carne que vendo en la misma Republica de Otaria a un otarino cada uno. Y de esta manera, el capital virtual que había movilizado en el papel se transforma en un fondo real de 200 millones de otarinos, con el que podemos iniciar la ejecución de grandes obras que son indispensables para la vida de esa república, pero que los otarios no hubieran podido emprender nunca por falta de capitales. La ración diaria de los otarios habrá descendido en un tercio. ¿Entendieron?
“Sí- clama Néstor- que votar a Macri es cosa de otarios”.



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