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20 de mayo de 2016
La clase media, los nuevos desaparecidos
Por Gabriel Princip

En la década del 70´ el “no te metás”, “por algo habrá sido” o “en algo andarás” eran frases que sin compromiso alguno justificaban la desaparición sistemática de estudiantes, curas, monjas, embarazadas, chicos, militantes y demás habitantes del campo popular. Treinta mil es la cifra que es sinónimo de injusta muerte en durante un gobierno de derecha.

Hoy el proceso de desorganización nacional conducido por el hijo de Franco Macri lleva  al país a un endeudamiento inútil, una entrega innecesaria y una pobreza carente de sensibilidad a las capas medias y bajas de la sociedad.

Quienes asumieron el gobierno siempre se manifestaron como un partido pro negocios, pro mercado o sea de política nada. El General Perón alguna vez dijo: “Si las fuerzas contrarias se organizan bienvenidas sean, lo que queremos es que se organicen, no queremos entregar mañana el país a una banda de hombres que no saben lo que quieren ni a donde van”. Efectivamente, Macri no leyó a Perón. Llegó a la primera magistratura con el globo amarillo, promesas vacías de contenido y el voto pleno de la clase media y algunas almas de los más empobrecidos.

Con ese voto llegó e inmediatamente les dio la espalda. Sus votantes, los mismos que durante la campaña hicieron de Stiusso un ídolo, de Nisman un santo y del Papa un delincuente, votaron un cambio que solo les originó pobreza, malestar y tristeza.

Bertolt  Brecht decía: “Primero la comida, después lo moral”. La derecha aplica la idea al revés. Sintoniza a Elisa Carrió por cadena nacional imponiendo una falsa moral, acusaciones sin sustento para justificar un modelo que solo entrega hambre a las mayorías.

Hoy el gobierno, a un semestre de haber entrado a la casa Rosada, pide la hora. No entiende como llegar al 2019. Sus compañeros de clase están enojados. La delegación local del club Bilderberg dejó de tirar manteca al techo. Hizo negocios pero su ambición no tiene límites. Las clase bajas conservan algún plan pero los tarifazos acortaron sus vidas. Suicidios y hambre colorean una escenografía nunca  vista, todo es peor nada es igual.

Pero a pesar de los Macri, Aranguren, Massa, Urtubey y demás cadetes del imperio no todo está perdido. “Nosotros no nos vamos a dejar aplastar jamás por la bota oligárquica y traidora de los vendepatria, que han explotado a la clase trabajadora”, dijo Evita. “Nosotros no nos  vamos a dejar explotar por los que, vendidos por cuatro monedas, sirven a sus amos de las metrópolis extranjeras y entregan al pueblo de su patria con la misma tranquilidad con que han vendido el país y sus conciencias”,  concluyó la abanderada de los humildes.

La transferencia patrimonial de pobres a ricos empieza a ser  efecto. La devaluación, inflación, desocupación y aumento en los servicios lleva  a las clases bajas al hambre y posterior desaparición y a las clases medias al descenso económico. La iglesia informó que existe un 34 por ciento más de pobres que a fines del 2015 y el Banco Mundial explicó en el 2009 que el gobierno de esa época había duplicado la clase media.

Las medidas elaboradas por este proceso de desorganización nacional ocasionaron la desaparición de la clase media y, en breve, la entrega de recursos a las corporaciones supranacionales. Todo al mismo precio. Eduardo Galeano para redondear esta idea expreso: “En el mercado libre es natural la victoria del fuerte y legitima la aniquilación del débil. Así se eleva el racismo a la categoría de doctrina económica”.

Ayer la clase media se colgó de un globo para derrotar al peronismo, hoy no entiende como con un triunfo en la mano dejó de reunirse con los amigos, hacer asados los domingos, viajar y utilizar el aire acondicionado. No comprende porque debe dejar el auto en el garaje o apagar las luces. Recién hoy  recuerdan el 2001, el hambre, la pobreza, el trueque y el detergente suelto. Hoy pueden entender lo que decía Robert Kiyosaki: “Los pobres y la clase media trabajan para ganar dinero. Los ricos hacen que el dinero trabaje para ellos”.



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