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OPINIÓN

15 de junio de 2016

Minorias

Por Gabriel Princip.

El presidente Mauricio Macri hizo un análisis de su primer semestre el pasado viernes. Frases grandilocuentes, vacías, sin contenido, transfiriendo culpa y un pedido a modo de súplica: “No le hagan caso a esas minorías que reclaman y quieren que nos vaya mal”.

Quizás 130 mil desocupados en seis meses forman parte de una elite. 1400000 pobres en un semestre sean minoría, 2700 fábricas cerradas también integrarán este grupo, una inflación proyectada al 45 por ciento también sea contrera y tarifazos del 1000 por ciento habrá sido un decreto del Frente para la Victoria. Si esto no fue así Macri debe dejar de tomar o explicarle al médico que se olvida de consumir la pastilla.
Comparar la actualidad con la última gestión peronista nos obliga a entrar en la grieta y se puede llegar a desconocer la obra de los últimos 12 años, pero no se puede refutar el primer gobierno de Perón.
Para ilustrar este gobierno estaba Discépolo por radio y a pesar de que la revolución quemó la mayoría de sus 37 programas tuvimos acceso a ellos en forma gráfica.
Para explicarle a Macri como se gobernó, expongamos a Discépolo en el papel de Mordiquisto: “Mirá, yo puedo negar todo, pero hay algo que no se puede negar, la evidencia. Y vos sabés lo que es la evidencia. La evidencia es lo que está ahí, lo que te hace señas para que lo veas, lo que te grita para que lo oigas. Claro que si vos cerrás los ojos y cerrás los oídos, ni escuchás ni ves nada. No ves vos, no escuchás vos, pero la evidencia sigue firme, sigue erguida, sigue… como fierro, sigue ¡Mirá, yo podría abrumarte tirándote encima un baúl de hechos evidentes, una montaña de conquistas evidentes, una cordillera de milagros evidentes! Pero, en vez de salirte al paso con una evidencia de lo que está, yo te salgo al paso con una evidencia delo que no está. ¿No me entendés? No me extraña, porque cuando vos no querés entender a vos los razonamientos te rebotan en la cabeza como el jején en el tubo de la lámpara. Y yo levanto una lámpara, ¿Sabés?, la levanto para iluminar las calles de mi patria, de tu patria, y mostrarte una evidencia que no está. Los mendigos…¿están? ¿vos ves los mendigos?, sobre las calles, y al decirte calles te digo corazones y espíritus, se desató el arroyo de la dignidad recuperada, se desató con una bárbara alegría de potro que transpira salud, y esa correntada se llevó a los mendigos, vos lo sabés, pero no se los llevó para ahogarlos, sino para bañarlos, y llegaron a la costa limpitos, con la raya al medio, cantando, no al huainito de la limosna, sino el chamamé de la buena digestión. No, no te encojas de hombros y contéstame, yo te hice una pregunta, ¿Vos ves los mendigos? ¿Dónde están? Antes los pordioseros eran una realidad en serie, como los automóviles. Los mendigos eran una vergonzosa institución nacional. Y fijate que yo no hablo con medias palabras, a mí no me interesa que quieras quedar bien con un partido u otro.
A mí me interesa que tu honradez reconozca para siempre los beneficios de que goza hoy tu dignidad. Y te digo todas las palabras que tengo, bolsas de palabras, barrios de palabras, el mendigo era en este país una vergonzosa institución nacional. Porque había gente que, así como unos hacen tangos, pañoletas o mandados, ellos hacían pobres. Fabricaban pobres y los pobres se te aparecían en los atrios de las iglesias, en las escaleras de los subtes, en la puerta de tu propia casa, famélicos y decepcionados, con la cabeza como un paquete de pelo y debajo del pelo la dignidad en derrota. ¿Y ahora los ves? Decime, ¿los ves?, claro que no, ¿Y eso no te conmueve? ¿O es que lo extrañás? Porque si lo extrañás, estás frito. Ahora las manos se extienden, no para pedir limosna, sino para saber si llueve, para ordeñar la vaca llena de leche o el racimo lleno de clarete reserva. Acordate cuando volvías a tu casa, de madrugada y descubrías en los umbrales, amontonados contra sí mismos, a los pordioseros de tu Buenos Aires. Ahora la exclusividad de los umbrales han vuelto a tenerla los novios, ahora no hay limosneros en los umbrales, ni en los andenes, ni en los cementerios. ¿Vos vas a los cementerios? ¿No?, te pregunto porque hay gente que va al cementerio solo una vez en la vida, y cuando va la aprovecha y se queda, pero los que solemos ir para irnos acostumbrando de a poco y que el inquilinato póstumo no nos agarre desentrenados, vemos lo que vos no querés ver, que ni siquiera allí encontrás mendigos”.
Esto contaba Discepolín en la radio en 1951, hoy mendigos encontrás en las principales calles del ejido porteño. Cartoneros timbrean tu casa en forma cotidiana, y aunque la pobreza no la invento Macri,él supo aumentarla y todavía falta, no pasó el tiempo suficiente para seguir alentando la fabricación de pobres todos made in argentina para el orgullo presidencial.

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