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11 de octubre de 2016
Un Ministerio no tan amigo - Soledad Sganga
Debido al estado público que tomó el caso de Iván Navarro y su amigo Ezequiel, dos jóvenes que fueron torturados por miembros de prefectura en la villa 21 volvió a tomar vigencia la discusión sobre el rol de las fuerzas de seguridad y del Estado.

Por Soledad Sganga. Politóloga. UBA

Estos dos chicos, como tantos otros, son parte de la cruel estigmatización instalada no sólo desde los medios sino también desde la política y la sociedad. Todos los días suceden hechos como éste y no son noticia, lo que invisivibiliza el abuso de poder por parte del Estado.

Iván y Ezequiel fueron torturados y amenazados, Iván luego de haber dado su testimonio en un programa de televisión, al regresar a su casa se encontró con la misma situación sufrida por él, con otro joven del barrio y un prefecto, y fue nuevamente amenazado.

No es un caso más de violencia institucional y abuso. Como bien señaló el editor de Garganta Poderosa, esto sucede a diario en los barrios humildes. Y cita un ejemplo que da cuenta del entramado que hay detrás de todo esto.

El ejemplo de Layla, una chica que fue secuestrada, se sospecha por una red de trata, que logró escapar justamente hace un año, octubre de 2015. Se realizó la correspondiente denuncia y ésta semana volvió a desaparecer. Y también volvió a aparecer por fortuna en el día de hoy porque el caso volvió a ser noticia. Siguiendo con el accionar repudiable de las fuerzas de seguridad también fue público un video en una estación de servicio en el cual miembros de la policía bonaerense amenazaban a una persona “Vas a morir en la estación!”, “vengo de civil y te rompo la boca”.

Desde el ministerio de Seguridad a cargo de Patricia Bullrich no se ha escuchado en más de diez días palabra de repudio alguna. Al contrario, existe un silencio que implícitamente legitima, obviamente, los métodos utilizados por éstos portadores de uniforme. Se pasó de una clara metodología de no represión implementada y ordenada desde el Poder Ejecutivo por parte del Presidente Néstor Kirchner y que continuó durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, a métodos diametralmente opuestos.

Hoy la metodología ha cambiado. Se criminalizó desde el primer día la protesta social, reprimiendo a palo y bala de goma a los que osaban defender un derecho vulnerado. Con la excusa del “enemigo interno” y la “lucha contra el narcotráfico” están llenando barrios con fuerzas de seguridad que lo que menos hacen es hacer honor a su función. Muy por el contrario, en febrero, y esto NO hay que olvidarlo, miembros de las fuerzas simularon ser atacados para poder reprimir una murga en la que un nene resultó herido.

Torturan a Iván y Ezequiel, alegando que no podía tener una campera como la que llevaba puesta, luego a otro joven. Utilizando métodos de una escuela que parecía extinguida: gatillar, hacerlos rezar, quemaduras de cigarrillo. Los que llevan la estampita de la Virgen de Luján debajo de su gorra son los que hacen rezar mientras torturan a nuestros pibes. Son los que durante años estuvieron “reprimidos” para no reprimir. Son las topadoras de los 70, entrando a bala y palo en los barrios, sembrando miedo.

Es la sociedad entera la que tiene que mantener en vigencia estos hechos, para que no caigan en saco roto. Porque la notoriedad que tomó el caso de los chicos de la villa 21 quizás sea una cierta protección a corto plazo. Pero cuando la noticia desaparezca de la agenda, van a volver a cobrar lo que “les quedó pendiente”… De hecho intentaron hacerlo cuando Iván regresó a su casa.

Hay que seguir todos éstos casos de cerca, mantener la memoria atenta y activa para que en un mes, dos o un año, Iván o Ezequiel o cualquiera de nuestros pibes no aparezcan muertos de manera “accidental”. Que el grito sea permanente, que se escuche todos los días y que el silencio del ministerio amigo se haga más fuerte también. Porque esa es la poca pero única protección que tenemos todos.

Porque mientras a estos pibes a base de prejuicios y estereotipos los hostigan, a la ministra de seguridad le salen mal las cuentas de cuántos cachorros nacieron. Si las cuentas le salen mal al contar cachorros, debemos tomar nota que las cuentas también le pueden salir mal con nuestros pibes.

El respeto de gana con el ejemplo y no a palo y plomo!! Hoy la seguridad de todos depende de la mirada de los efectivos que vaya a saber por qué criterio determinan “portación de cara”. La ideología llevada a la práctica por parte de un ministerio que al final de cuentas no resultó tan amigo hace que todos seamos potenciales víctimas de la violencia institucional y del aparato represivo del Estado. Que no nos callen, sigamos gritando.



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