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24 de octubre de 2016
Orgullo es lo que falta
Por S. DI GIOVANNI

Los siete capitales invadieron el país, ellos captaron numerosas cabezas pero hicieron base en los protagonistas del quehacer nacional. Cada uno ellos tomó un referente importante. La lujuria se hizo cargo de Susana Giménez, la pereza se llevó al más indicado para ese pecado, el presidente Mauricio Macri, la gula se hizo cargo de Sergio Massa, la ira copó a la clase media, la avaricia es el imperio, el orgullo de Cristina y como siempre la envidia de Lilita.

La caja boba fue el lugar del encuentro de tan capitales pecados. La lujuria tiene programa propio donde son habitúes la envidia, la pereza y la gula mientras observa la ira. La avaricia siempre pendiente de todos  y el orgullo se enorgullece de no ir, de no estar.

La lujuria lleva a delante la charla dando cuenta de la ausencia del orgullo. La ira del otro lado comienza a molestarse, el enojo juega su partida, la clase media dice presente. La pereza  se queda inmóvil, observa, dormita en un rincón esperando su tiempo, cerca de la lujuria.

La envidia es aliada de la pereza, pero no hay con que darle, envidia su lugar. La gula al principio se come las uñas, luego hace lo propio con los primeros planos, engorda su ego a más no poder. La avaricia delante de todos, deseando todo. En el escenario están todos, en realidad falta algo, falta orgullo.

La lujuria toma al país como tema  de  charla. Para opinar sobre este tópico todos los pecados se integran. “Hoy la Nación se ve distinta, con glamour, con plazas vacías, sin tantos papelitos ni cáscaras de mandarina en el suelo y por suerte el choripán no está presente en las calles. Además las parejas que pasean son como Dios manda”, enfatiza la Lujuria.

La avaricia asiente con la cabeza y va por más. “Es cierto lo que dice Susana, hoy Recoleta tiene la alegría de otros tiempos, de aquellos más serios, más conservadores sin tanto populacho”. En el medio, la pereza abre un ojo, quiere hablar pero permanece en su mejor estado, o sea  examinando la nada.

La gula se mete en la conversación y se come todos los planos. “El país está mejor no tengas dudas, pero hay gente que se queja por los alimentos y esto no es bueno para ellos y menos para mí”.

La pereza se despierta y quiere contradecir a la gula, pero es la pereza. La envidia al lado de Macri,  o sea la pereza, como siempre envidiando.

Del otro lado de la caja boba, la ira se enoja. “Y estos que saben, puede ser que  esté mejor o peor el país, pero en realidad lo que falta acá es orgullo”. Y sí, Cristina está ausente.

El tiempo pasa y los pecados en la pantalla muestran las miserias humanas ante la mirada de la  clase media  que con la cacerola en la mano espera el momento justo para expresar su odio.

La lujuria va concluyendo el programa y le pide a cada uno una conclusión. La gula se quiere comer el final y comenta que la pereza debería ponerse al frente del país para que este no caiga en manos de la avaricia, el imperio. “Después  será tarde, no hay lugar para reclamos, si yo estaría en el gobierno me comería la cancha”, sentenció Massa o sea la gula. La pereza, Macri intenta contestar, “nosotros somos un cambio”, dijo y se quedó dormido, y… es la pereza. La envidia observando a la lujuria y con el permiso de la embajada, digo de la avaricia, expresa su opinión: “El país así está bien, ya no más Cristina. Ahora es todo Cambiemos expresado en la  persona de Macri, y a propósito, cómo lo envidio”. Del otro lado, el odio, el reclamo, o sea, la ira.

El programa terminó. El país sigue  funcionando, con lo que puede, pero como idea debemos  saber que la avaricia, el imperio, pretende todo  y ya, la gula está expectante para devorarse lo que la avaricia disponga. El imperio y Massa, la avaricia y la gula, son afines en su pensamiento. Cerca de ellos se encuentra siempre dispuesta la lujuria, para visibilizar su onda, sus bienes, su frivolidad, ahí está Susana. La pereza Macri coincide con ellos, sabe que la clase media, la ira, está enojada, quiere conformarla pero no puede, es la pereza. En alianza a Macri se encuentra por ahora Lilita, la envidia, que critica a la pereza pero la desea, quiere su lugar, es la envidia. Todos colaboran para que el país se encuentre en este estado actual. La única disconforme con este  gobierno y con el anterior, es la clase media. La ira siempre está enojada, siempre gataflorista, siempre reclamando, siempre disconforme,  es la ira.

Todos parlotean, todos opinan pero también todos se dan cuenta que hay alguien que falta, sí,  no está Cristina. Eso es lo que el país no tiene: carece de orgullo. Sin este pecado,  la envidia, la pereza y la gula no tienen razón de ser.



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