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9 de noviembre de 2016
Mentiras liberales
Por Kurt Winkels.

La superestructura cultural diseña el pensamiento liberal que patrocina al habitante de esta República ubicada al sur de Bolivia. Los medios dominantes colocan el escenario. Por allí pasan los integrantes del sistema político enmascarados en un discurso hipócrita, lavado y funcional al poder. Quién más quién menos transitan por un discurso uniforme y homogéneo en la nada misma. Alguna frase demagógica pero sin ofender al poder.

Y ese es el tema, el poder. El mismo que nos hizo creer en Mitre y Billiken antes que en el revisionismo. Ese que nos ofrece el oro y el moro a cambio de nuestra alma, ese que nos manda a decir que el marginal, el pobre y el trabajador forman parte de un discurso y nada más. Ese que nos aconseja estimular y alabar a las clases dominantes y jamás nunca a las medias y bajas. Ese que nos recomienda el viaje a Miami en lugar de La Habana, ese que nos pide que seamos socialistas o comunistas antes que peronistas. Es el poder que nos obliga a ser funcionales a él.

Ser progre y admirar a Palacios, Ghioldi, o usar la remera del Che está bien. Entender a la centro derecha es un camino correcto en la vida, pero hablar en forma positiva de Perón o los K, es pecado.

Lo ideal para el sistema es ser funcional a una historia construida en base a mentiras y relatos originado en la construcción de Mitre. Para ello debemos ponderar la constitución de 1853 nunca la del 49´, enarbolar la bandera de la patria de la mano de Sarmiento, Roca, Rivadavia, Alvear o Aramburu, pero jamás pensar en Evita o en la lo entreguista que supieron ser los llamados próceres.

Palabras más, palabras menos la dicotomías es Patria Grande y Patria Chica. En su obra “Barajar y dar de nuevo”, Arturo Jauretche opina: “Creo que el lector encontrará allí mismo el enfrentamiento que señala Américo Ghioldi que es el de la Patria Grande y la Patria Chica, el de nuestros libertadores , y el de nuestros esclavizadores, así como la técnica, ahora burda y grosera, con que la antidemocracia, el despotismo, los coautores de la miseria social y de la pobreza del país, los endeudadores, en una palabra, los cipayos y vendepatrias, han subvertido los conceptos para que los libertadores pasen por tiranos y los tiranos por libertadores, los enemigos del pueblo, por sus amigos, y sus amigos, y sus amigos por enemigos, y los antiprogresistas por los campeones del progreso. Porque esto que tenemos por delante no es más que la reproducción de lo que hizo Rivadavia, como Ministro de Rodríguez, negándole apoyo a San Martín y obligándolo a la renuncia de Guayaquil. Es lo que hizo Rivadavia, ya presidente, en plena guerra con Brasil negándose a la alianza que ofrecía Bolívar, para satisfacer los intereses brasileros y británicos que querían que perdiéramos la Banda Oriental. Es la historia de esas minorías cultas y democráticas que se aliaron al portugués contra Artigas, para destruir las demandas sociales de las masas del litoral, que se aliaron a Francia e Inglaterra cuando la Confederación luchaba por la soberanía de nuestros ríos, que se ganó a cañonazos, y que nos hizo perder la alianza de esas minorías “cultas y democráticas” en Caseros. Esas minorías entregaron, en nombre de la libertad, nuestro territorio al extranjero y se complicaron en el engrandecimiento del Brasil a expensas de nuestros hermanos hispanoamericanos. Ellas aconsejaron “no ahorrar sangre de gauchos” y exterminaron a los pueblos criollos en nombre de la civilización. Ellas nos llevaron, en nombre de la libertad, a la guerra del Paraguay para destruir un pueblo hermano en beneficio de la expansión brasileña y del establecimiento de la colonización británica. Y cuando hubieron exterminado todo lo que era nacional organizaron la democracia que ahora añoran, convirtiendo al país en una gran estancia y al grueso del pueblo en peonada de pata al suelo, impidiendo el desarrollo de las industrias y la diversificación de nuestra producción. Se hicieron campeones del progreso, pero su progreso consistió en organizar el país para una sola finalidad, la granja, el establecimiento de una producción exclusiva de materias primas baratas con mano de obra barata. Para eso fomentaron la inmigración, el transporte y el comercio. Pero cuando la granja estuvo establecida quisieron parar el desarrollo del país de nuevo porque el amo imperial no le convenía el aumento de población más allá de los límites previstos para su abastecimiento barato. No le convenía tampoco un alto nivel de vida ni la diversificación del comercio”.

Jauretche nos marcaba el pensamiento de la época, muy similar al actual. Hoy quien amplió derechos es de mínima nazi o yegua y en los medios corrupta. Quien marcó el camino a la recuperación del país, no está vivo para los homenajes si para los hechos penales. El nombre de Perón y Evita es manoseado por traidores para justificar su estadía en un gobierno entreguista. Como siempre los malos de la película son aquellos cercanos al pueblo y los héroes son aquellos que reciben el abrazo del FMI, las caricias del imperio y la adulación de los oligarcas y plutócratas. O sea, como siempre, el mundo al revés.



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