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25 de marzo de 2013
El congelamiento de los precios no se percibe en los comedores
La suba de alimentos pesa en los barrios. Dicen que el acuerdo oficial con los supermercados no tiene efectos reales. Más adultos mayores recurren a los comedores para calmar el hambre. En las donaciones llegan menos harina y azúcar.

 

Para los comedores, el congelamiento de precios en los supermercados pasa desapercibido. Lo miran de costado. La inflación no da tregua. Los encargados compran en mayoristas, tienen convenios con proveedores, recurren al almacén del barrio para salir de apuros o esperan con las manos abiertas donaciones. Cada vez cuesta más conseguir harina, azúcar o aceite. Cambiar el postre por la suba de alguna fruta ya es una rutina.

Pasaron algunos minutos del mediodía. En la mesa no solo hay niños. Al comedor Casa de Nazaret, de barrio Asunción, llegan ancianos, madres y padres. Las cocineras se apresuran a servir. ­Milanesa con fideos!, se alegra una niña de ocho años. Su madre, de 23, y sus hermanos de 10, 6 y 4 y 2, también se sientan. Hay porciones para unas 300 personas.

“Ahí viene la hermana”, dicen las cocineras. Sor Gregoria Colil es la responsable de la Casa de Nazaret. Los comensales van por el postre: un vaso de uvas para cada uno. La hermana Gregoria dice que esta temporada comieron poco esa fruta. “El cajón pasó de $140 a $170”, explica.

Al momento de realizar las compras, no van a los supermercados. Para abaratar costos prefieren ir a un comercio mayorista o recurrir a algún proveedor de frutas y verduras. Así, no vieron ni de cerca el congelamiento de precios que el Gobierno nacional estableció para febrero y marzo en las grandes cadenas de ventas de alimentos. Gregoria refuerza: “Estábamos comprando la bolsa de papa unos meses atrás a $90 y en estos días nos costó $130”. De las 300 personas que almuerzan en el comedor de Asunción, 150 son del Plan infantil Alimentario Provincial. El resto de los fondos viene de programas nacionales.

Menos harina y azúcar

Aunque no reciben dinero y subsisten a través de donaciones, en el comedor “Sopita de Letras” notan que algunos alimentos llegan en menor cantidad. Gloria Escalante, encargada de ese centro de asistencia, sostuvo: “Vemos que ciertos productos llegan poco, como el aceite, la harina y el azúcar”. Como los víveres son donados por empresas, fundaciones y particulares, no suelen adquirir mercadería en los súper.

Hasta a los clientes cotidianos de los comercios les cuesta llevar varios paquetes de harina o azúcar. En las góndolas hay carteles que limitan a uno o dos unidades por cliente.

“¿Disculpe doña Gloria, me convida un poquito más de sal? Y un poco más de tuco, está rico”, le dice un niño. Ahí también no solo comparten la mesa los chicos. Abuelos, jóvenes y adultos van para calmar el hambre. Agarran un plato de lata y comen.

“No recibimos plata, solo donaciones. A veces tenemos que comprar algo que no falta en el almacén, pero las cosas siguen subiendo. Ese acuerdo en los supermercados no nos impacta”, remarcó Gloria.

Más chicos se acercan corriendo. Abren la reja y se sientan. En total se da de comer a 80 personas. “No solo cubrimos la necesidad de alimentarse. Aquí dictamos cursos y hacemos actividades para que salgan adelante”, aclaró Gloria.



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